Norma Montenegro es un conocido rostro joven de la televisión, pues fue periodista de éxito en Univisión. Pero un día decidió tomar otro rumbo: del éxito total a otro camino. Algunos podrían decir que está mal. Esto fue lo que nos respondió.

Por Jesús Colina/ Chucho Picón/Aleteia/El Despertador Hispano

Norma, ¿tú estás loca?

▶ No estoy loca; y, si lo estoy, entonces estoy loca por Dios. Mucha gente me decía: ¿Cómo vas a dejar tu carrera de éxito ante las cámaras? Es una carrera de mucho ego. Pero también es una carrera que te da mucho, si la sabes manejar: yo disfrutaba el contacto con la gente, el poder llegar a los hogares.

Los televidentes me veían como un puente entre culturas: entre el hispanoamericano migrante que no hablaba el inglés, con nosotros al medio, haciendo puente ante las autoridades respecto de las situaciones que ocurrían en sus comunidades, o respecto de sus problemas de inmigración, por ejemplo.

Yo me los encontraba en todas partes y, aunque yo no los conocía, ellos a mí sí me conocían, y el encuentro con ellos era como saludar a un amigo. Lo que más gusto me dio de esa carrera fue el amor, el calor de la gente, de los televidentes, que nos veían y nos impulsaban a seguir adelante.

Sin embargo, un amor más grande me llamó: el servir a Dios y el servir a la Iglesia. Yo había sentido ese llamado de muchas formas a través de mi vida. De alguna manera, por los caminos de Dios, yo empecé trabajando para un periódico diocesano cuando yo estaba en la universidad, y así fue como comenzó mi carrera periodística.

Cuando me fui a trabajar para servir a los medios de prensa con la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos me di cuenta de que yo podía utilizar mi carrera y los talentos que Dios me había dado para servirlo a Él. Así que yo volví a trabajar a la Conferencia de Obispos para servir a la Iglesia como a manera de prueba, porque yo había sentido el llamado de Dios pero mi «sí» no fue completo sino que fue un «sí» a medias. Pero estando yo ahí me enamoré de la Iglesia, me enamoré de este pueblo, que da tanta energía y tanta felicidad, esa alegría de servir a Dios, que viene siendo la alegría del Evangelio, la alegría de compartir
el Evangelio.

Pero tú también te habías enamorado de un hombre, que es el padre de tus hijos. En todo esto, ¿qué importancia tuvo el amor de tu marido?

▶ ¡Mucho! Me acababa de casar. Ahora ya llevamos como siete años de casados y tenemos dos hijos. Y eran muy difíciles esos primeros meses de estar casados porque prácticamente sólo nos veíamos los fines de semana ya que nuestros horarios eran totalmente opuestos: él trabajaba y salía por la mañana, mientras que yo llegaba después de medianoche a mi casa tras presentar dos noticiarios, uno a las 6 de la tarde y otro a las 11 de la noche. Y eso también influyó en mi decisión, y me ayudó a dar ese paso de decirle «sí» a Dios para servirlo.

Hay muchos jóvenes hispanos, muchos chicos y chicas que te ven a ti como el modelo que ellos querrían seren su vida, «sobre todo cuando te vieron como una periodista de éxito. ¿Tú qué les recomendarías?

▶ Que se preparen. Yo siempre invito a los jóvenes a prepararse y a que abran sus corazones también. Hay muchas oportunidades que se están abriendo para los jóvenes dentro de la Iglesia. De nuevo, cuando yo estuve en la universidad se me abrió una oportunidad para practicar la carrera antes de ser una profesional con el título. Y así fue como yo fui entrando, se me abrieron las puertas.

Entonces, prepárense. Y también escuchen ese llamado, porque esa voz, ese llamado de Dios, lo reconocemos. Una cosa es no hacerle caso, como si estuviera allá atrás, en la mente; pero cuando exista ese llamado, cuando sientan esa voz, pongan atención porque no se van a arrepentir.

NORMA Y SUS NUEVAS RELACIONES PÚBLICAS

‘Muchos todavía me preguntan por qué ya no continúo presentando las noticias por la televisión. Pues les cuento que en mi carrera, para superarme, ahora trabajo en relaciones públicas para la Iglesia Católica. Es un maravilloso momento en mi vida, porque mi misión ahora es servir a Dios y participar en la tarea de evangelización’.

‘Los que amamos y servimos a Dios conocemos la alegría y regocijo que encontramos en esta linda tarea. Recordemos que en el cristianismo todos amamos y seguimos a un solo Dios.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 27 de enero de 2019 No.1229