Dolor de cabeza, estrés, angustia por el futuro, cansancio mental, sensibilidad emocional, son algunos de los síntomas que produce el exceso de información a la que estamos sometidos. El advenimiento de las tecnologías, las sociedades hiperconectadas, el flujo de las redes sociales, la masificación de los mensajes están haciendo de las suyas en la vida cotidiana de los individuos

Por Mary Velázquez Dorantes

La relación hombre-información se está volviendo desproporcionada, irreal y fantasiosa. Las nuevas plataformas buscan hombres y mujeres adictos a lo que sucede dentro de ellas; para ello se ha creado el exceso de información, un problema que ha roto el equilibrio y la tranquilidad de las personas.

Desde el mundo exterior hasta la psicología personal, la información está saturando al mundo. Algunos expertos han indagado en los efectos de este nuevo problema y han encontrado que el bienestar emocional esta siendo amenazado.

Cifras, recomendaciones, consejos, hechos y sucesos están entrando en la vida de las personas. Las computadoras, las tablet y los celulares están llenando al hombre moderno de un consumo informativo que le agota, deprime, desgasta y distrae.

Algunos lo llaman el boom de la información; otros, el estallido de la misma. Sin embargo, cada minuto que sucede alrededor del mundo esta lleno de historias, medios, pantallas, datos que no se procesan adecuadamente. La vida promedio del hombre está siendo agotada por la cantidad informativa que circula continuamente.

CONEXIONES CON DIETA

Las tecnologías están forzando a las personas a ser dependientes de ellas. El desapegado tecnológico es costoso para muchos. Mientras que la mente humana y la salud emocional están sufriendo por las conexiones digitales, la sobrecarga informativa acapara los momentos de atención. El cerebro humano requiere como mínimo 15 minutos de desconexión cada par de horas. Los datos que fluyen a través de las redes sociales sofocan a las personas, generando tensión, dolor de cabeza, ojos, espalda; tales síntomas se ignoran o pasan desapercibidos mientras se miran las pantallas.

El hecho de estar conectados agota a las personas. Es por ello que se está hablando de una dieta desconectada, que consiste en planear la rutina cotidiana lejos de la tecnología y lo que sucede dentro de ella: conectar con las personas, desconectar con la información. Es el momento del balance entre la información que circula dentro del mundo digital y la información que se requiere para vivir diariamente. La información que llega a través de todas las plataformas a las que se tiene acceso requiere de filtros y de actitudes personales. ¿Qué se requiere y qué no es útil? Cada cuatro años se duplica la información que existe en todo el mundo. Las personas sufren de la sensación abrumadora de los datos, incluso algunas pierden la esperanza del mañana.

INFOXICACION

El exceso de información es llamado infoxicación. Internet fue la boca del lobo que logró colocar al hombre en está situación: los mensajes se duplicaron, el ruido digital se instaló, las programaciones tecnológicas se masificaron; mientras tanto, el hombre no consigue distinguir entre la información útil y necesaria de aquella que desgasta o abruma.

Con la información al límite el hombre infoxicado no es capaz de controlar sus estímulos, está perdiendo capacidad de dialogo, tiene sensación de caos, se genera estrés cognitivo. Se genera una fatiga debido a la hiperexcitación de las tecnologías. Para evitarlo es necesario no inundarse de información, dado que se producen situaciones en las que el bienestar emocional y mental se ven amenazados. Se requiere buscar un enfoque y planear sobre aquello a lo que se accede actualmente.

La cantidad de textos, fotos, música y enlaces a la que se accede puede ser la combinación perfecta para una bomba informativa. La Universidad de Stanford encontró que las personas suelen padecer la dificultad de concentrarse dado el exceso de información que están recibiendo, mientras que el cerebro enfrenta un conflicto que descontrola la percepción del peligro, así como las decisiones o planeaciones.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 27 de enero de 2019 No.1229