Por Sergio Ibarra

El día 10 de febrero, durante el rezo del Angelus, hizo el Papa una reflexión profunda sobre el Evangelio que describe cómo Jesús y Simón Pedro se conocieron, y Aquél, para poder predicar, pidió a éste prestada su barca.

La parte que resaltó el Papa es el momento en que, ya finalizadas las palabras expresadas a la multitud en la orilla del lago, le dice a Pedro que eche las redes al agua para pescar. Pedro, como experto pescador, pudo responder con una objeción: si de noche no habían pescado nada, menos de día. Sin embargo, le dice: pero por tu palabra echaré las redes.

Esa obediencia, señala el Papa, es la que genera el resultado prodigioso de lo que a continuación describe el Evangelio en relación a la cantidad de peces obtenidos. Como en otras partes de la Biblia, el meollo no son los peces sino el llamado a seguirlo y el compromiso de Dios de estar con nosotros. Mas adelante en esta parte del Evangelio está la frase que sellaría el compromiso de llevar la palabra el resto de su vida, no solo a Pedro, sino a todos quienes creemos en Él: no temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.

La obediencia es el principio de la disciplina, es un valor por el bien estar y el bien ser que implica y es una virtud porque la adquirimos durante nuestra vida. La raíz etimológica indica que, para que exista, debe haber un discípulo. Si queremos ser seguidores de Jesús debemos mantenernos atentos a estos llamados como el que le hizo a Pedro. Ser sus discípulos implica eso, disciplina en nuestros pensamientos, palabras y actos, pero sobre todo representa decidir que se nos note que somos discípulos de Jesús.

O sea que puede haber resultados prodigiosos, pero con esa condición: la disciplina a la palabra.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 17 de febrero de 2019 No.1232