Del 4 al 11 de febrero de 1945, o sea a pocos meses de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar en Yalta, Crimea, una reunión entre tres jefes de gobierno: Stalin, el líder soviético; Churchill, el líder británico, y Roosevelt, el líder estadounidense. Ahí, con la más absoluta falta de respeto hacia el resto de los seres humanos y países, se repartieron el mundo formando dos bloques o zonas de influencia: el «occidental», capitalista, liderado por EUA e Inglaterra, y el «oriental», socialista, con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (la URSS, hoy Rusia) a la cabeza.

Fruto de ello, algunos países acabaron partidos en dos, un lado para los de izquierda y otro para los de derecha, entre ellos Corea y Vietnam. Alemania se partió en cuatro, pero en 1948 los tres pedazos capitalistas se reunificaron, mientras que el comunista se negó a la unión y bloqueó la ciudad de Berlín, por lo que los alemanes de occidente tenían que usar un puente aéreo a fin de abastecerla.

En 1961 los alemanes de oriente decidieron levantar un muro de 144 kilómetros rodeando el Berlín capitalista; el pretexto que esgrimieron fue evitar un eventual ataque de occidente, pero la realidad es que se construyó para evitar que los alemanes que habitaban en el «paraíso» socialista huyeran hacia la libertad. Es decir, la finalidad del muro fue mantener encerrados a los ciudadanos bajo la dictadura comunista.

El muro se convirtió en el símbolo de la Guerra Fría, y estuvo de pie hasta el 10 de noviembre de 1989, cuando el comunismo europeo colapsó.

Así, en 2019 se van a cumplir 30 años de la caída del ignominioso Muro de Berlín.

¿LOS MUROS PUEDE SER PARA LA PAZ?

Irlanda del Norte, colonizada por Gran Bretaña, en 1968 entró en conflicto porque los protestantes ejercían sobre los ciudadanos católicos una discriminación institucionalizada.

El IRA (Ejército Republicano Irlandés) encabezó la lucha armada, y los disturbios llevaron a levantar un muro en la ciudad de Belfast como medida temporal para evitar enfrentamientos entre ambos bandos.

Fue una solución muy simple pero tan efectiva que se construyeron más muros a fin de delimitar los espacios para católicos y protestantes. Belfast acabó teniendo un centenar de muros, y otras ciudades también los construyeron.

El éxito de estas medidas les ganó el nombre de «Muros de la Paz».

Finalmente, en 1998 se firmó la paz, sentándose las bases de un nuevo gobierno en el cual católicos y protestantes comparten el poder.

TEMA DE LA SEMANA: TODOS LOS MUROS, EL MURO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de febrero de 2019 No.1231