Por Jaime Septién

En su libro Solo el que ama canta, Josef Pieper nos regala esta frase: «La capacidad del hombre para ver está en decadencia Aquellos que hoy en día se preocupan por la cultura y la educación experimentarán este hecho una y otra vez. No queremos decir aquí, por supuesto, la sensibilidad fisiológica del ojo humano. Nos referimos a la capacidad espiritual para percibir la realidad visible tal como es en realidad».

Vivimos en la era en que lo virtual es más real que lo real. Para los milenials y la generación Z, ver significa atisbar a través de una pantalla imágenes en movimiento; imágenes suministradas por otro, que no empujan ni a pensar ni a profundizar. Lo que les rodea se reduce y se vacía. No hay nada en el fondo. No hay fondo. Las cosas (y los hombres) son meras representaciones, sombras a las que puedo, si quiero (como en el FaceBook), borrar.

Eso nos ha llevado a otro tipo de ceguera. La ceguera de los valores. Wilde decía que la necedad era saber el valor de nada y el precio de todo. Si todo es imagen, representación, ausencia, todo es manipulable. Es mi antojo el que funda la realidad. Solo existe mi deseo. Tenemos que aprender a ver de nuevo. Y para ver de nuevo, no hay otra, se aprende leyendo.

TEMA DE LA SEMANA: DE VERDAD LA LECTURA TRANSFORMA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de marzo de 2019 No.1235