▶ Los templos verán crecer la afluencia de fieles, sobre todo el Domingo de Ramos, el Jueves Santo y el Viernes Santo, y, sorprendentemente, no tanto el Sábado en la Vigilia Pascual; pareciera que los cristianos estamos como más preparados para compartir el dolor y la cruz y asumir el sacrificio, pero nos olvidamos de la alegría de la nueva vida pascual.

▶ Los misterios que iremos contemplando a lo largo de esta Semana Mayor los conocemos casi de memoria. Pero no es el recuerdo emotivo lo que predomina en la fe, sino la proclamación de una verdad que se actualiza en la vida de cada hombre que se deja alcanzar por la eficacia del acontecimiento salvífico: lo que comenzó en Jesús se convierte en una onda expansiva que atraviesa los siglos y que llega hasta nosotros.

▶ El contenido de la oración colecta del Domingo V de Cuaresma nos puede dar el horizonte más claro para entrar en la mística de estos próximos días: «Señor y Dios nuestro, te rogamos que tu Gracia nos conceda participar generosamente de aquel amor que llevó a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo». En el origen de todos los acontecimientos que conmemoraremos esta semana está el amor de Dios. Toda la Pasión fue motivada por amor, el amor de Dios hecho visible en Cristo, amor descomunal que ha descendido hasta el extremo de nuestras bajezas: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13, 1).

▶ ¿Cómo viviremos esta Semana donde quiera que nos encontremos y hagamos lo que hagamos? Si a lo largo del año la Iglesia nos invita a la contemplación de Cristo en sus diferentes Misterios, esta contemplación de Cristo ahora se hace más concentrada, se potencia y se expresa en un estilo de oración más reposada y adobada por el silencio.

▶ Celebrar la Semana Santa tiene algo de personal y de comunitario. En lo individual hay que acercarse al Misterio de Cristo, compenetrarse, revivir; no quedarnos en la superficie de la ritualidad, del signo, de las emociones. Es cada uno el que deja lugar a la Palabra de Dios.

Pero hay cosas que uno no puede celebrar solo, aislado del resto, desvinculado de la comunidad.

Esto porque nuestra fe es eclesial, es la fe de un pueblo. Por eso la mayoría de las liturgias son comunitarias.

▶ En Semana Santa, en este camino que va desde la ciudad hasta el Gólgota, hay un lugar que el Señor reserva para cada uno en particular; por eso san Pablo podía decir: «Me amó y se entregó por mí» (Gal 2, 20). Y el desafío es encontrar ese lugar personal. Dios sabe, de acuerdo a lo que cada persona está viviendo en este instante, dónde necesita encontrarse con Jesús en esta Semana Santa. Pero hay que buscarlo.

Extractado de un artículo del Pbro.Claudio Bert

TEMA DE LA SEMANA: LA DOLOROSA PASIÓN DE JESÚS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de marzo de 2018 No.1185