Por Sergio Estrada

En el año 1833 el pueblo de Iztapalapa sufrió una epidemia de colera morbus. Cuando comenzó a ser incontrolable, los habitantes de la zona sacaron en procesión la imagen del «Señor de la Cuevita» y la enfermedad empezó a ceder y finalmente desapareció.

Con esto miles de personas de personas se salvaron, y diez años después, como promesa al «Señor de la Cuevita», se comenzó a representar anualmente el vía crucis, participando todo el pueblo de Iztapalapa como acto de fe.

En esta edición, la 175 del vía crucis, se tiene contemplada una afluencia de 3.5 millones de personas, entre mexicanos y extranjeros.

LA PREPARACIÓN

El padre Eric Contreras Reyes, director espiritual de los participantes de la representación, comenta: «Los actores tienen preparadores físicos, que los orientan para aguantar el desgaste y evitar algún tipo de lesión. Sin embargo, para el ‘Cristo de Iztapalapa’, que en esta edición va a estar a cargo de un joven de nombre Iván Pedro Estrella Mosco, de 24 años de edad y soltero, la preparación física y espiritual es más profunda».

«En el sentido físico tiene que correr y cargar por lo menos tres veces a la semana una cruz de más de 90 kilos, para que su cuerpo se vaya acostumbrando a este peso y no tenga problemas el día de la representación. Por la parte espiritual recibe una formación en desarrollo humano, a fin de tener una visión interna de sí mismo que le permita mejorar, y un modelo de seguimiento a Jesús a través del Evangelio; todo esto por medio de los sacramentos: Confesión, Eucaristía y Comunión», subraya el sacerdote diocesano.

MENSAJE EVANGÉLICO

El presbítero aclara que el mensaje de la representación es que Jesús, a través de su pasión, muerte y resurrección, nos ofrece su misericordia a todos.

«El milagro de fe de este vía crucis se refleja en los testimonios de los participantes, que lo hacen en agradecimiento por algún favor recibido en su persona o en su familia, como puede ser salir de situaciones difíciles o de problemas de salud. Sin embargo, también lo que les importa es la identidad del pueblo de Iztapalapa».

Asegura el director espiritual que «se han tenido grandes conversiones de los participantes, a pesar de que tienen la libertad de llevar su vida espiritual como elijan. Muchos terminan trabajando para el santuario como catequistas o como ceremonieros, y cada cual va encauzando su fe».

ESPIRITUALIDAD DE LA REPRESENTACIÓN

A los participantes nunca se les aleja de la parte humana, porque esta representación tiene como punto medular y final que los participantes crezcan como personas bajo los criterios del Evangelio. Por eso, después de participar en este acto de fe en Iztapalapa, terminan con un retiro carismático, para que sea una experiencia de fe.

LOGÍSTICA DEL VÍA CRUCIS

En este vía crucis, declarado patrimonio intangible, cuando son escogidos los actores —que en esta ocasión serán más de 130—, «ellos se hacen responsables de sus vestuarios y sufragan sus gastos. Sus asesores que les ayudan a escoger telas y colores bajo las investigaciones históricas que hayan realizado de sus personajes», señala el director espiritual de este acto de fe.

Esta representación teológicamente termina el día de la Resurrección del Señor; sin embargo, el cierre es el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, con una Misa en el Cerro de la Estrella.

TEMA DE LA SEMANA: LA DOLOROSA PASIÓN DE JESÚS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de marzo de 2018 No.1185