Considerado el padre de la genética moderna

Jérôme Lejeune nació en Francia en 1926 y comenzó sus estudios de medicina en París en 1945. En 1947 conoció a una mujer danesa, Birthe, con quien se casaría y procrearía 5 hijos.

En 1952 ingresa al Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) como investigador asistente del doctor Raymond Turpin, profesor de genética que estudiaba el síndrome de Down, entonces más conocido como «mongolismo» y mal considerado como una degeneración racial.

Apoyándose en Turpin y la doctora Marie Gauthier, corroboró científicamente que el «mongolismo» era un accidente genético que provocaba una trisomía en el par cromosómico 21 (tres cromosomas en lugar de dos), de manera que el paciente tiene no 46 sino en total 47 cromosomas. Jérôme Lejeune hizo esto público a nivel internacional en 1959, cuando tenía 32 años de edad.

Acabó siendo el mayor experto mundial en identificación de enfermedades cromosómicas. Convertido en director del CNRS, determinó con ayuda de un equipo de colaboradores cosas tales como los daños provocados por las radiaciones atómicas, y la monosomía del cromosoma 5, que provoca lo que él denominó síndrome del Maullido de Gato. Él y su equipo hicieron 30 mil registros cromosómicos.

En 1965 fue nombrado jefe del servicio de genética en el hospital Necker-Enfants Malades de la capital francesa, donde trabajó hasta su muerte cuidando a centenares de niños y jóvenes con síndrome de Down y otras patologías genéticas.

En 1974 fue nombrado miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias y, en 1981, miembro la Academia de Ciencias Morales y Políticas. En 1994 se convirtió en presidente vitalicio de la Academia Pontificia para la Vida.

Fue también uno de los promotores de la asociación «Laissez-les vivre», una de las primeras organizaciones provida de Francia. También fue presidente de «Secours aux futures mères», organización dedicada a ayudar a embarazadas que se encuentran en situaciones difíciles.

Su dolor más grande fue descubrir que los avances genéticos se estaban usando para detectar niños con estas enfermedades antes del nacimiento —especialmente síndrome de Down—a fin de abortarlos. Así que él se convirtió en defensor de estos pequeños, sabiendo que un embrión humano es ya un ser humano y, por tanto, que su eliminación es un homicidio.

Falleció en París el 3 de abril de 1994. Su proceso de beatificación inició el 28 de junio de 2007, y el proceso diocesano concluyó el 11 de abril de 2012. El proceso canónico en la Santa Sede inició en 2013.

TEMA DE LA SEMANA: EL CIENTÍFICO QUE PERDIÓ EL NÓBEL POR RECHAZAR EL ABORTO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 31 de marzo de 2019 No.1238