Después de la muerte de Jesús todos los elementos asociados a su Pasión —la cruz, los clavos, la corona de espinas, la lanza, etc.— se convirtieron en reliquias muy queridas para los discípulos.

Con el paso del tiempo, tanto para su honra como para su preservación, las reliquias de la Pasión fueron cercenadas y repartidas en diversos lugares sagrados, sobre todo de Europa.

En una carta que escribió el obispo Paulino da Nola (354-431) al magistrado Macario se lee:

«Nosotros veneramos con razón las reliquias del Salvador: la columna a la que estuvo atado, las espinas con las cuales fue coronado…».

En el siglo V, san Vicente de Lerins decía que la corona de espinas de Cristo formaba parte del «sagrado ajuar».

Actualmente se conservan 70 espinas que se han confirmado como las espinas originales. Hablando nada más del caso de Italia, hay inventarios en los que aparecen más de 160 espinas; este número desproporcionado se entiende porque muchas de las espinas originales fueron cortadas en varias partes para que más templos pudieran contar con estas reliquias.

En cuanto al círculo trenzado —ya sin espinas—, que era la base de la corona, puede que sea la que está guardada en un hermoso relicario en la catedral de Notre Dame, de París; al menos como tal ha sido considerada por cientos de años. Hasta la fecha, cada primer viernes de mes, todos los viernes de Cuaresma y en especial el Viernes Santo, dicha corona, de 21 centímetros de diámetro, es sacada para la veneración de los fieles.

De las espinas, la más famosa es la que está en la ciudad italiana de Andria, esto por los prodigios que se han reportado.

Pero cosas extrañas ya se advertían desde que la corona estaba más o menos completa. En el años 593, por ejemplo, Gregorio de Tours escribía en su Historia de los francos que le había impresionado el color verde vivo y la frescura de la reliquia, y que de hecho la corona se fortalecía milagrosamente con el pasar del tiempo.

Además se han atribuido varios milagros concedidos por Dios a través de las sagradas espinas; entre ellas, librar de plagas y pestes, o defender en tempestades y contra los enemigos.

Pero hay otros tres fenómenos milagrosos a veces asociados a las espinas de la corona de Cristo:

Florescencia: es decir, que la espina florece.

Reverdecimiento: se torna verde y fresca, como si la espina no se hubiera secado hace dos mil años, sino que hubiera sido cortada ese mismo día de un espino vivo y saludable.

Reviviscencia: cuando la espina conserva alguna gota de sangre, que lógicamente ya está seca, pero que se torna en sangre fresca, de un rojo vivo.

Un doctor de Perugia escribió de «aquello que es supremamente estupendo y terrible: cada año, en el Viernes Santo, a la hora de la Pasión, es que la espina reverdece, la Sangre revive. Y de una y otra se ven aparecer pequeñas flores doradas, blancas, azules y verdes, con algunos resplandores que aparecen y desaparecen, como si hirviese la preciosa Sangre».

LA REVIVISCENCIA MÁS RECIENTE

El prodigio de reviviscencia se ha autentificado en más de una veintena de ocasiones en Italia.

La espina de Andria deja ver esta sangre siempre que el Viernes Santo cae en 25 de marzo, día de la Anunciación. El primer relato de esto se remonta al año 1633, mientras que la reviviscencia vez más reciente tuvo lugar en 2016, y la anterior a ésta fue en 2005.

Habrá que esperar al año 2157 para que las dos fechas coincidan y el milagro se repita.

TEMA DE LA SEMANA: LA DOLOROSA PASIÓN DE JESÚS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de marzo de 2018 No.1185