En fecha reciente el presidente López Obrador determinó que «por lo pronto» se detenía toda aportación gubernamental a las organizaciones no gubernamentales.

A todas, sin excepción. El argumento fue el siguiente: son organizaciones no gubernamentales, por lo tanto, no deben recibir dinero del gobierno para sostener su actividad, sino de las empresas y de la sociedad civil.

Puede haber muchas críticas –de hecho las hay— ante la decisión del presidente de México. Son poco más de seis mil millones de pesos los que dejan en la orfandad a cientos, miles de organizaciones que, entre otras cuestiones, se dedican a cuidar huérfanos… Quienes trabajan en estos grupos voluntarios, hacen una labor que el propio gobierno ni puede ni debe hacer. Y el dinero que les daba multiplicaba por cien la asistencia a los más necesitados.

Como siempre, pagan justos por pecadores. Habrá quienes lo hagan mal, se queden con «moche», como dijo López Obrador en su particular lenguaje de «la mañanera». Hablamos, quizá, del uno o dos por ciento. Los demás, se la juegan a diario. Y no es ningún «moche» pagar a la gente que trabaja en estos organismos.

Sin embargo, esta decisión abre oportunidades a gobiernos locales para impulsar agrupaciones voluntarias que ellos conocen. A las Instituciones se les presenta el reto de la creatividad. Tocar la puerta de la gente menuda, de empresas responsables, de los que aman al prójimo más débil. Será difícil. Pero podrán plantarle cara a las decisiones –arbitrarias o no— del gobierno federal. Y triunfar en su cometido, siendo más pequeñas, pero más fieles a su causa. El dicho popular es necesario en este momento de ocurrencias, decisiones apresuradas, generalizaciones y vagos aciertos: «no hay mal que por bien no venga»… AMLO los desafía. Que no los desinfle.

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de mayo de 2019 No.1245