Por Jaime Septién

Desde hace años llevamos El Observador a la cárcel de San José el Alto. Saber las opiniones del periódico de mujeres y hombres recluidos nos conduce a pensar que estamos cumpliendo la labor del periodismo católico: esperanza en medio de tinieblas.

Karl Jaspers decía que la comunicación humana se prueba en las situaciones-límite. O sale airosa o se hunde en la nada. ¿Qué mayor situación-límite que el estar preso? Ahí, en la soledad de las rejas, hemos podido comprobar que nuestra labor vale; que estamos cumpliéndole al Señor.

He pegado en el tablero de avisos de la oficina un cartel similar al que tiene el Papa Francisco a la entrada de su habitación: «Prohibido quejarse». No seré yo el que rompa esta norma de convivencia humana. Los desafíos que nos presenta la hora actual en lo político, lo económico, incluso en lo familiar, tienen que hacernos sacar lo mejor del catolicismo laical: sus plumas, sus pensadores, sus lectores.

Gabriel Zaid sostiene que la lectura es un «encuentro feliz» entre el escritor, el editor, el librero y el lector. Aspiramos a lograr ese «encuentro feliz» con ustedes y con amigos que nos puedan acercar. Necesitamos lectores. La avidez con que nos leen en el penal nos hace imaginar que a usted y a los suyos también les pueden ser útiles (espero que necesarias) nuestras páginas.

TEMA DE LA SEMANA: ¿ES NECESARIO EL PERIODISMO CATÓLICO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de mayo de 2019 No.1246