Las instituciones educativas de la Iglesia son un ámbito comunitario de acompañamiento y siempre debe funcionar así por el bien de la Iglesia y los jóvenes. Así lo expresa el Papa Francisco en el capítulo siete de la la exhortación apostólica «Cristo vive»

Redacción

Hoy los jóvenes buscan respuestas a sus inquietudes, necesidades, problemáticas y heridas. Hoy también cuentan con muchas propuestas en donde pueden atender sus necesidades, desde las mismas redes sociales hasta un grupo u organización juvenil.

La misma Iglesia tiene una gran tarea con ellos. Está la comunidad que evangeliza y que se debe preocupar por darles un mayor protagonismo, por integrarlos y escuchar sus propuestas.

«La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que a cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo», resalta el Papa Francisco.

Para comenzar a hacer todo esto debe haber buenas prácticas, es decir, metodologías, lenguajes y motivaciones que realmente sean atractivas para los jóvenes que buscan a Cristo y a la Iglesia. Y no importa si el joven que se acerca es conservador o progresista, de derecha o de izquierda. Lo que importa son los resultados que se obtengan cuando escuchan la alegría del Evangelio.

Líneas de acción

La pastoral juvenil tiene dos grandes líneas de acción. Una es la búsqueda, la convocatoria, el llamado. Que atraiga a nuevos jóvenes a la experiencia del Señor. La otra, el crecimiento, el desarrollo de un camino de maduración de los que ya han hecho esa experiencia.

En la búsqueda los jóvenes muestran su capacidad para encontrar los caminos atractivos, para provocar. Saben organizar festivales, competencias deportivas e incluso saben evangelizar en redes sociales con mensajes, canciones, videos y otras intervenciones. Sólo se les debe estimular, dice el Papa, para darles la libertad.

Ese primer anuncio se puede despertar en un retiro, en una conversación, en un recreo o en cualquier camino que Dios tenga trazado. Pero lo más importante es que cada joven lo viva en el corazón de otro joven.

«Es necesario acercarse a los jóvenes con la gramática del amor, no con el proselitismo. El lenguaje que la gente joven entiende es el de aquellos que dan la vida, el de quien está allí por ellos y para ellos, y el de quienes, a pesar de sus límites y debilidades, tratan de vivir su fe con coherencia».

Para el crecimiento es necesario no solo ofrecer encuentros de formación donde solo se toquen temas doctrinales y morales, sino también el kerygma y el amor fraterno en la vida comunitaria, en el servicio.

Los medios y recursos para lograrlo son variados, pero lo primero sería inculcarles el amor a Dios, para así poder lograr la formación y el crecimiento de los jóvenes.

La Iglesia debe ofrecer un ambiente adecuado

Muchos jóvenes están en situación de orfandad, han vivido malas experiencias y buscan un lugar seguro. Muchos jóvenes se sienten hoy hijos del fracaso, porque los sueños de sus padres y abuelos no se cumplieron, así que sus proyectos se ven desvanecidos.

«La experiencia de discontinuidad, de desarraigo y la caída de las certezas básicas, fomentada en la cultura mediática actual, provocan esa sensación de profunda orfandad a la cual debemos responder creando espacios fraternos y atractivos donde se viva con un sentido», resalta Francisco.

Francisco invita a crear hogares, casas de comunión, para que los días y las horas sean menos pesadas; un hogar necesita de la colaboración de todos. Es pedirle a Dios paciencia, pedir la gracia del perdón; aprender todos los días a volver a empezar, todas las veces que sean necesarias. Crear lazos fuertes dentro de un hogar, dice el Papa, «exige de la confianza que se alimenta todos los días de la paciencia y el perdón». Eso es nacer de nuevo, es sentir que ahí está la caricia de Dios.

Por eso las instituciones de la Iglesia necesitan ofrecerles a los jóvenes lugares que ellos puedan acondicionar a su gusto, donde puedan entrar y salir con libertad, lugares que los acojan y donde puedan acercarse espontáneamente y con confianza a encontrarse con otros jóvenes.

PARA RECORDAR

  • Una de las alegrías más grandes de un educador se produce cuando puede ver a un estudiante constituirse a sí mismo como una persona fuerte, integrada, protagonista y capaz de dar.
  • La escuela católica sigue siendo esencial como espacio de evangelización de los jóvenes.
  • El estudio sirve para hacerse preguntas, para no ser anestesiado por la banalidad, para buscar sentido en la vida.
  • Muchos jóvenes son capaces de aprender a gustar del silencio y de la intimidad con Dios.
  • Es importante aprovechar los momentos más fuertes del año litúrgico, particularmente la Semana Santa, Pentecostés y Navidad
  • Una oportunidad única para el crecimiento y también de apertura al don divino de la fe y la caridad es el servicio.
  • Aun los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de mayo de 2019 No.1246