¿Cuán tristes se habrán sentido aquellos discípulos que caminaban hacia Emaús? Cristo había muerto. Su desánimo y desconcierto debió haber sido grande. Ellos lo conocían, nadie les había contado sobre Él, habían sido amigos cercanos. No solo habían perdido a su maestro, a su amigo, habían perdido su razón de ser.

Pasa que en nuestro caminar por esta vida no pocas veces nos encontramos como los discípulos de Emaús. Caminamos tristes, con un anhelo profundo en el corazón por la Verdad. Una verdad que tantas veces se nos olvida. Es por eso que una pausa en el camino, dejar que Jesús entre y predisponernos a escucharlo es algo que necesitamos.

Un retiro espiritual es esa pausa que necesitamos en el caminar de nuestras vidas para encontrarnos de una manera más profunda y directa con Dios. Esta es una práctica común en la Iglesia que no debemos dejar de lado. Si nunca has ido a alguno o si de pronto crees que no lo necesitas, aquí te dejamos algunos puntos importantes de lo que sucede en un retiro espiritual. Anímate a ir a uno.

1 Es posible que al principio no entiendas y quieras salir corriendo.

2 Te encontrarás con tu propia oscuridad y desierto.

3 Descubrirás que tienes mucho para estar agradecido.

4 Experimentarás la Verdad y la Belleza de Dios.

5 Verás como Dios te cuida de una manera personal.

6 Serás testigo directo de su actuar en la vida de los demás.

7 Experimentarás su sentido del humor.

8 Encontrarás descanso.

9 Recordarás lo importante que es la vida de oración.

10 Descubrirás que los mejores amigos son los que te acercan a Cristo.

11 Renovarás esa necesidad por los sacramentos.

12 Saldrás con unas ganas infinitas de gritarle al mundo que Dios está vivo.

Con información de CatholicLink

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de mayo de 2019 No.1246