En 2018 en varios estudios e índices de las ciudades más violentas del mundo, muchas de ellas son mexicanas.

Al respecto, el pasado 20 de mayo de 2019 se realizó una entrevista a monseñor Ramón Castro Castro, obispo de la diócesis de Cuernavaca, en el estado de Morelos,  la cual está sumida dentro de una entidad donde hay mucha violencia, asesinatos, venta de drogas, corrupción, impunidad y pobreza. Para ello, monseñor Ramón Castro y sus colaboradores han trazado un plan pastoral con ciertas directrices a seguir, además de marchas por la paz y mucha oración.

Por Ana Paula Morales

Monseñor, ¿cuánto tiempo lleva usted en esta diócesis y cuál es la situación que se vive?

▶ Mi nombre es Ramón Castro Castro, he sido obispo auxiliar de Yucatán. Estuve siete años de obispo en Campeche. Fui el primer nombramiento en México, cuando subió al papado Mario Bergoglio y me envío aquí a Cuernavaca, donde estoy a punto de cumplir seis años en el servicio. El cambio entre Campeche y Cuernavaca fue bastante contrastante porque Campeche es de los estados más pacíficos del país, junto con Yucatán.

Al llegar a Cuernavaca y empezar a conocer la realidad de la diócesis de Cuernavaca, que incluye todo el estado de Morelos, que tiene un millón novecientos mil habitantes, de los cuales un millón y medio, aproximadamente, son católicos o se dicen católicos, y empecé a recorrer la diócesis, de inmediato pude darme cuenta de que sería pastor de una diócesis herida y muy lastimada por la injusticia, la corrupción, la impunidad, la violencia, la pobreza, la inseguridad.

Y como pastor, yo tendría la responsabilidad de darle cuentas a Dios. Empezamos a trabajar lo más organizadamente posible, entendiendo las prioridades que tiene la diócesis. De ahí, entonces, una de las prioridades es una organización pastoral adecuada para responder a lo que nuestro pueblo está necesitando y, de inmediato, hicimos un plan pastoral sencillo con cinco líneas directrices, las cuales son:

  • La comunidad y trabajar por la comunidad.
  • La comunión de todos aquellos que conformamos el Pueblo de Dios.
  • La Palabra, es decir, que se ilumine por la Palabra de Dios el corazón de nuestra gente.
  • Por la familia, que está siendo también atacada aquí.
  • Trabajar también por la misión y por la paz.

Son las cinco directrices y, de alguna manera, todas las hemos tratado de enfocar. Y por la paz, dándonos cuenta de la situación tan grave que vive el estado. Pensamos en una manera en que podía haber una lucha por la paz, como debe ser, con la oración; fue a través de las caminatas y estamos por realizar la quinta caminata por la paz. En líneas generales sería esto.

¿Cómo se trabaja la paz desde los jóvenes?

▶ Hemos tratado que no sea solamente la caminata por la paz, sino que cada parroquia luche y trate de construir la paz a través de la formación de los grupos y también encaminar todas nuestras actividades diarias diocesanas, como la peregrinación que estamos a punto de realizar a la Basílica de Guadalupe, encaminada a la paz y a su construcción. Pedir a los grupos apostólicos que oren por la paz y una manera muy concreta, como ustedes acaban de ser testigos, el rezo del Angelus todos los días a las 12 del día; y nos unimos, debido a que somos miles de católicos que, en Morelos, oramos por la paz a través de esta oración tan bella, sencilla y profunda, y pedimos a Dios que haya paz en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestros trabajos, siendo realmente constructores de paz.

En cada una de las caminatas que hemos realizado he dejado un mensaje en donde hemos tratado de invitar a todos a asumir eso que Cristo nos dejó, que es la paz. Él nos dice: «la paz les dejo, mi paz les doy, no como se las da el mundo».

Entonces, seamos conscientes de que Él nos ha dejado toda la materia prima. Somos nosotros los constructores de esa paz, y como el Magisterio nos enseña a que no puede haber paz sin justicia, no puede haber paz sin verdad y no puede haber paz sin libertad. Por ende, trabajando la justicia, la verdad y la libertad, sabemos que construimos esa paz. Hacemos lo posible. Sin embargo, las circunstancias y la realidad ponen en evidencia que, por desgracia, en todo el país de México y en todo nuestro estado han aumentado de una forma alarmante los índices de violencia, los índices de delitos que nos preocupan enormemente. Seguramente tenemos que hacer algo más fuerte y más firme en favor de la paz. Pero, por lo pronto, no quedarnos indiferentes, que es lo que el Papa Francisco nos recomendó: «no sean indiferentes y se queden con los brazos cruzados».

¿Usted a qué cree que se deba todo este nivel de violencia que se ha venido concretando en el estado de Morelos?

▶ Mira, yo te puedo decir que en el sexenio pasado que tuvimos un gobierno de izquierda, había una corrupción espantosa y también un acuerdo con bandas criminales. Sé lo que estoy diciendo y el peso de las palabras que estoy manifestando. Sin embargo, es un secreto a voces cómo había un acuerdo entre bandas criminales y el gobierno anterior. No digo que con todas, pero sí con algunas y las suficientes como para que pudieran operar libremente, y se pone en evidencia en varios casos, como el asesinato de la Presidenta Municipal de Temixco, que apenas llevaba un día y fue eliminada, porque ella no aceptó estar bajo la supervisión de una banda criminal.

Por otra parte, también es causa de todo esto una banda que se llama «los colombianos», que realmente hace dos o tres años tenía una enorme influencia en el oriente del estado, pero ahora se está extendiendo a lo largo del territorio. Lo que hacen es el lavado de dinero. Como ahora es tan estricto, fiscalmente hablando, justificar el dinero que llega a mano de ciertas personas, se dedican a prestar dinero y con eso los intereses son verdaderamente tremendos. Sobre todo a la gente pobre necesitada le ofrecen el dinero, después los golpean o incluso los matan porque no pagan. Los llaman los colombianos porque la mayoría de ellos tienen el acento, el dejo netamente colombiano.

Algo que como pastor me preocupa muchísimo es el reclutamiento de los jóvenes. Es verdaderamente triste descubrir cómo a jóvenes que necesitan trabajo y que están buscándolo los meten, a la mayoría a fuerza, al círculo de criminalidad, los transforman, los amenazan e incluso los matan.

¿Qué está haciendo la Iglesia?

▶ Hemos tratado de atender espiritualmente y trabajar en la pastoral de la consolación y a través también de una manera más efectiva que hemos podido encontrar, que son Centros de Escucha. Tenemos siete Centros de Escucha distribuidos en toda la Diócesis, que se vieron lastimados por el terremoto y disminuidos en su actividad, pero que la están retomando ahora. Allí hay un grupo de hermanos y hermanas cualificados para atender y ayudar a las víctimas y a los familiares de las víctimas. Están también un psicólogo, un sociólogo, un sacerdote y un trabajador social que intentan ayudar a salir de esta espiral en la que el dolor y la tragedia atrapan a esas familias. Creo que esto es una forma muy concreta también en que podemos ayudar.

¿Cuál es el balance después del terremoto del 2017?

▶ Desgraciadamente, aunque yo pensé que no era una zona sísmica, lo es. Y, como ustedes saben, junto con otros seis estados, el 19 de septiembre de 2017 vivimos esta tragedia tan fuerte en donde desde el primer día animé a mi pueblo diciéndoles: «Aunque se hayan caído nuestras casas, nuestros templos, nuestras construcciones, no se ha caído nuestra fe ni nuestra esperanza».

Y empezamos a luchar con todo el corazón para sacar adelante el luto de 19 familias y la miseria de miles de personas que se vieron afectadas. Se derrumbaron sus casas, sus templos; concretamente, 320 templos se dañaron, solamente en el estado de Morelos; con daños leves, medianos y graves. Eso verdaderamente fue una tragedia. Cuarenta y cinco sacerdotes se quedaron sin templo, sin casa parroquial, sin sacristía, sin oficinas.

A casi dos años de esta tragedia, todavía hay muchos que no tienen casa, ni sacristía, ni templos, y ¿qué hemos hecho en conexión con Caritas internacional y Caritas nacional? Hemos podido hasta este momento construir hasta 190 casas para las personas más pobres, más necesitadas, viudas, viudos, enfermos. Eso ha sido producto de la solidaridad nacional. Hemos podido seguir ayudando en cuanto es posible.

Aquel día de la tragedia fue terrible constatar que en vez de defender y ayudar, estaban robando las provisiones. Yo alcé la voz lo más alto que pude para evitarlo y por gracia de Dios después de 3 días en que obligaban a todos los tráileres que llegaban con todas las provisiones a descargar en el DIF, dejaron llegar a los que venían destinados a Caritas, como tenía que ser.

Es que es impresionante y muy fuerte lo que está sucediendo…

▶ Sí, definitivamente: cientos y cientos de familias que viven en el dolor, muchas más de las que se dice. Y ver a las personas que están afectadas por el crimen del secuestro. Como últimamente este señor hermano del ex gobernador, Humberto Adame, fue secuestrado, se pagó el rescate; sin embargo, lo asesinaron.

Igualmente, recuerdo con mucho dolor, cuando tenía seis meses de haber llegado a esta diócesis y veo a una señora con el alma partida, diciéndome que habían vendido hasta los utensilios de cocina para pagar el rescate de su hijo y, sin embargo, lo regresaron asesinado.

Qué dolor, y uno se pregunta: «Cuánto se ha endurecido el corazón del ser humano que causa todas estas heridas en sus hermanos y todo por dinero, dinero fácil. Como siempre digo, algún día les quemará el alma y les quemará los bolsillos».

Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de junio de 2019 No.1248