• Ten en cuenta que los programas de televisión, las películas, las revistas, las canciones, etc., están llenas de mensajes que exaltan la impureza, mientras que ridiculizan la pureza. No dejes que esos medios decidan lo que tú harás.
  • El camino que tú eliges cuando eres joven marca en gran medida tu destino, y el que la gran mayoría escoge es el camino equivocado. Cuando tus padres se preocupan por la clase de amigos que tienes, por los lugares que frecuentas, o por el hecho de que regresas a casa muy noche o de plano en la madrugada, piensa (porque así es) que ellos no buscan molestarte o amargarte sino proteger tu vida del desastre. Si te metes en malos ambientes, formas malas amistades y frecuentan sitios donde abunda el vicio, es casi imposible que tu pureza no quede manchada.
  • Nunca olvides que tu virginidad es un tesoro. Todas las culturas de todos los tiempos así lo han creído, excepto la actual, que te quiere empujar a pensar que ser virgen es una molestia de la cual hay que deshacerse lo más pronto posible, sobre todo si eres varón. El tesoro de tu virginidad es el regalo más sublime que le podrás regalar a tu cónyuge en tu noche de bodas. ¡No te adelantes en el tiempo! Y recuerda que tener sexo antes del matrimonio es pecado de fornicación.
  • Jugar a los novios es como jugar con fuego: si se permiten besos apasionados, roces y tocamientos, acabarán por quemarse. Si tu capacidad de casarte aún está muy lejana (por edad, por estudios, etc.), establecer un noviazgo no tiene sentido porque si el noviazgo se torna muy largo puede dar lugar a mayores ocasiones de pecado como la impureza y la fornicación; y también porque es un desgaste emocional y una inútil pérdida de tiempo. El mejor tiempo para buscar y tener un noviazgo es cuando ya te consideras con la preparación y madurez suficientes como para casarte.
  • No te creas el cuento de que sin mantener relaciones sexuales con un chico o con una chica es imposible averiguar si hay «compatibilidad sexual». Las investigaciones sociológicas demuestran justo lo contrario: que cuantas más parejas tengas de joven, menos posibilidades tendrás de formar y mantener una relación satisfactoria y duradera. Los matrimonios con menos probabilidades de divorciarse son los de quienes se casaron siendo vírgenes.
  • Y si eres un joven o una joven que ya perdió su virginidad, aprende de este fracaso identificando los peligros que te llevaron a ello, regresa a Dios, confiésate, haz penitencia y guárdate hasta el matrimonio.

TEMA DE LA SEMANA: ¿TODAVÍA SIRVE DE ALGO LA VIRGINIDAD?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 7 de julio de 2019 No.1252