Por el P. Antonio Brambilia *

Para san Pablo la fe es un movimiento de adhesión amorosa a Dios. Y no a un Dios como el que puede presentarnos la filosofía a través de conceptos abstractos, sino, concretamente, adhesión a una Persona Divina que es Jesucristo.

San Pablo nos habla de la fe como la vivió él mismo, que no llegó a ella por los caminos del estudio, sino a partir de un «encontronazo» vivencial con Cristo mismo.

Pablo no conoció a Cristo por la predicación de nadie. Él era un fariseo fanático que odiaba el nombre del Nazareno.

Pero yendo él de camino hacia Damasco, en pleno ejercicio de la persecución religiosa, «chocó», literalmente hablando, con Cristo como se choca con una pared imprevista en medio de una loca carrera. Dos o tres palabras de explicación entre los dos y Saulo quedó repentinamente convertido en Pablo.

La vivencia suprema del camino a Damasco marcó a Pablo profundamente y para siempre. Todo él es un testigo de lo que vio y oyó, y habla con el calor que sólo las experiencias íntimas y supremas dan.

Dios completó el don que nos hizo al darnos las vivencias de san Pablo poniendo en su Iglesia ese carisma de razonar.

Una vez asentado todo esto, queda firme el hecho de que hay dos maneras de llegar a la fe: la de san Pablo y Paul Claudel, por encontronazo vivencial con Cristo, y la de Fernando Brunetiére y Gilbert K. Chesterton, que llegaron por obra de un lento, progresivo y seguro acercamiento racional. Unos empiezan por donde otros acaban, pero al final están todos centrados en Cristo, Dios y Hombre, que murió y resucitó por nosotros.

* Extractado de su libro «La paradoja de la creencia y la fe».

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS SIN BUSCARLO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de julio de 2019 No.1253