El francés André Frossard, además de escribir más de 15 mil artículos periodísticos, fue autor de 25 libros, todos ellos posteriores a su conversión instantánea a Jesucristo, ocurrida en 1935. Entre ellos se pueden mencionar estos cinco:

  • La Sal de la tierra (1956).
  • Viaje a la tierra de Jesús(1958)
  • Las 36 pruebas de la existencia del diablo (1978)
  • Retrato de Juan Pablo II (1988)
  • El Evangelio inacabado (1995)

Pero su obra más famosa es Dieu existe, je l’ai rencontré («Dios existe, yo me lo encontré»)*, que escribió en 1969 y que le mereció el Gran Premio de la Literatura Católica en Francia. En él narra su autobiografía y su conversión a pesar de no haber estado nunca jamás interesado en Dios: «Éramos ateos perfectos —escribe—, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita Roja. Su celo no hacía más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema».

Pero Dios irrumpió sorpresivamente en su vida, y su padre lo llevó al psiquiatra, quien al no tener una «cura», consoló al papá de André con un: «Ya pasará…».

Pero el efecto de la Gracia nunca pasó. «Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios».

El gran mérito y éxito de Dios existe, yo me lo encontré es que es un libro que ofrece al lector uno de los testimonios más sinceros y conmovedores sobre el fenómeno de la conversión a Jesucristo.

*Puede leerse una edición gratuita, en lengua castellana, en https://pastoralmadredeldivinopastor.files.wordpress.com/2015/02/dios-existe-yo-me-lo-encontre-andre-frossard-1.pdf

TEMA DE LA SEMANA: ¿SE PUEDE ENCONTRAR A DIOS SIN BUSCARLO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de julio de 2019 No.1253