IGLESIA

Iglesia viene del griego Ekklesia («asamblea reunida»), que es el término con que se tradujo la palabra hebrea qahal («la convocación a la asamblea») en la traducción del Antiguo Testamento conocida como Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica que «en el lenguaje cristiano, la palabra ‘Iglesia’ [con mayúscula] designa no sólo la asamblea litúrgica (cfr. I Co 11, 18; 14, 19. 28. 34. 35), sino también la comunidad local (cfr. I Co 1, 2; 16, 1) o toda la comunidad universal de los creyentes (cf. I Co 15, 9; Ga 1, 13; Flp 3, 6)» (n. 752).

Es muy común llamar iglesia (escrito con minúscula) a un templo o edificio material donde se celebra el culto cristiano, pero no es el vocablo ideal.

PARROQUIA

El Código de Derecho Canónico (n. 515) dice que «la parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio».

Así que llamar parroquia al templo principal de una parroquia es incorrecto.

TEMPLO PARROQUIAL

Es el nombre correcto del templo principal (a veces el único) ubicado en el territorio de una parroquia.

El templo parroquial es como la «cuna oficial de la fe», pues ahí está la pila bautismal, donde los hombres se hacen hijos de Dios y son incorporados a la Iglesia. También es el centro por excelencia para la recepción de los demás sacramentos, la formación cristiana y el envío misionero y de todas las pastorales.

TEMPLO

La palabra templo viene del latín templum, que a su vez se formó de la raíz tem que significa «cortar». Esto porque los augures eran sacerdotes paganos de la Antigua Roma que consultaban a sus falsos dioses mediante la práctica de la adivinación basada en mirar el vuelo de las aves; y para ello cortaban o talaban un espacio cuadrangular en el bosque a fin de poder mirar el cielo y a los pájaros, y dicho espacio o lugar «sagrado» era un templo. Más tarde se empezó a usar la palabra templo para designar un edificio dedicado al culto religioso.

En todas las civilizaciones antiguas paganas los templos eran considerados como moradas de los dioses, y en ellos se les dedicaban ceremonias y se les ofrecían sacrificios, ya fueran cruentos (con derramamiento de sangre de animales o personas)o incruentos (por ejemplo: alimentos, perfumes y tesoros) a cambio de favores, protección y prosperidad.

En el caso de los israelitas, adoradores del Dios verdadero, el templo era no sólo lugar de oración (cfr. Mt 21, 13) sino sitio donde habitaba Dios entre los hombres (cfr. Ex 25, 8; 40, 34-35) y, por tanto, el lugar de sus sacrificios u holocaustos (de animales) y ofrendas a fin de dar adoración al Señor, desagraviarlo por los pecados cometidos y suplicarle favores.

La inmolación de las víctimas en un sacrificio tiene lugar en un altar (del latín altare, que proviene de la palabra altus que significa «plataforma elevada»). En hebreo la palabra que equivale a altar significa «lugar de matanza»; y en griego significa«lugar de sacrificio».

Del mismo modo que los israelitas, para los cristianos un templo es casa de Dios, donde Él se hace presente durante la celebración del Santo Sacrificio de la Eucaristía, y se queda ahí, bajo la apariencia de pan, habitando guardado en el sagrario, para ser visitado y adorado por los fieles.

Lo propio de un templo es, pues, que sea un lugar de sacrificios a Dios. Sin sacrificio, aunque haya oración, lectura de la Palabra de Dios y reflexión, no puede hablarse de templo sino sólo de sinagoga, oratorio, salón de estudio, salón de culto, etcétera.

Para el cristianismo el sacrificio perfecto y definitivo del templo es el del propio Cristo en la cruz, que se ofrece a Dios Padre. El Sacrificio del Señor se perpetuó en el tiempo y el espacio haciéndose presente real pero de forma incruenta en el altar de todos los verdaderos templos cristianos a través de la Eucaristía.

En el protestantismo no hay auténticos templos porque ni siquiera hay altar y, por tanto, tampoco hay lugar para el sacrificio; no se celebra la Eucaristía, de manera que el Señor no se hace presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, ni se queda habitando en el sagrario. Algunas religiones protestantes celebran algo que llaman «Cena del Señor», pero, tal como éstas mismas reconocen, lo suyo sólo se trata de algo simbólico.

CAPILLA

Se llama capilla cualquier templo que se encuentra dentro de un territorio parroquial y que no es el templo principal o parroquial.

Una capilla puede ser pequeña o grande; y puede estar adosada a la estructura de un templo más grande —hay templos con muchas capillas laterales—, o bien puede construirse independiente en cualquier lugar del territorio parroquial.

La palabra capilla viene del latín vulgar cappella, que es el diminutivo de la palabra capa. Con esto se está haciendo alusión a un pedazo de la capa que san Martín de Tours dio a un pobre, y al oratorio que se erigió donde se guardaba esta reliquia.

Sucedió que antiguamente los reyes de Francia llevaban en sus guerras el trozo de capa de san Martín, haciéndolo colocar en una tienda de campaña, por lo que a ésta comenzó a llamársele capilla, y los clérigos que la guardaban fueron llamados capellanes.

ERMITA

Es un pequeño templo (por tanto tiene altar), con frecuencia diminuto, en el que no se celebran ceremonias religiosas habitualmente pero sí se rinde culto en ocasiones determinadas.

Las ermitas suelen estar en lugares despoblados, y ello les dio su nombre, como a los ermitaños, pues deriva del griego éremos, que sigifica apartado, alejado, solitario o desierto.

SANTUARIO

Un santuario es un templo u otro lugar sagrado al que, por un motivo peculiar de piedad, acuden en peregrinación numerosos fieles, con aprobación del obispo del lugar.

Se requiere la aprobación de la Conferencia Episcopal de un país para que un santuario pueda llamarse nacional; y la aprobación de la Santa Sede, para que se le denomine internacional.

Es frecuente que se convierta en santuario un lugar sagrado donde se conserva la reliquia de algún santo muy venerado, o donde ha tenido lugar una aparición de la Virgen María, o bien donde ha tenido lugar un acontecimiento histórico de la fe (por ejemplo, el martirio de santos durante
una persecución).

BASÍLICA

En la Antigua Roma una basílica era un edificio público rectangular que solía tener una estancia semicircular con un techo de bóveda, y que servía de tribunal.

Los cristianos imitaron la forma de basílica en sus centros de culto, y así la palabra acabó designando un templo cristiano. Después se utilizó para identificar ciertos templos de importancia histórica y espiritual. Es el Papa el que designa que un templo sea llamado basílica.

Hay basílicas mayores y menores. Las siete basílicas mayores están en Roma, mientras que una basílica menor puede encontrarse en cualquier otra parte del mundo.

Cada basílica tiene una «puerta santa», que se abre sólo durante el tiempo de peregrinación especial declarado por el Papa. Formalmente hay tres signos físicos que indican que un templo es una basílica menor: 1) La presencia de la conopaeum (un dosel de seda diseñado a rayas con los colores tradicionales papales amarillo y rojo). 2) El tintinnabulum, un tipo de campana montado en un poste que es llevado en procesión, junto con el conopaeum, a la cabeza del clero en ocasiones especiales. 3) Las basílicas menores tienen derecho a mostrar los símbolos papales en pancartas, en el mobiliario, y en el sello de la basílica.

CATEDRAL

La catedral es el templo principal de una diócesis, el lugar donde tiene su «cátedra» el obispo, es decir, el pastor de la diócesis.

La palabra cátedra, del griego katedra, significa «silla». Entonces se llama catedral a este templo no porque a él venga a sentarse el obispo, sino porque es el lugar donde ejerce todo su ministerio, simbolizado en la cátedra. De ahí también deriva el nombre de «catedrático», que significa «el que puede sentarse», y que se refiere a los más altos magistrados o docentes, que enseñan sentados.

La arquidiócesis con más alto rango honorífico de un país es llamada arquidiócesis primada, y con ello su templo principal es la catedral primada.

PÁRROCO

El párroco es un presbítero (sacerdote ministerial) designado por el obispo como pastor propio de la parroquia que se le confía.

Su misión es enseñar, santificar y regir la parroquia, para lo cual puede contar con la cooperación de otros presbíteros así como de diáconos. También pueden ayudarle fieles laicos en algunas tareas.

CURA

Es un nombre —«Señor Cura»—que se le suele dar al párroco porque, en palabras del Código de Derecho Canónico, es el que «ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del obispo».

A través de los siglos, la actividad de mostrar el amor y la preocupación de Dios por las personas se ha expresado con la frase latina cura animarum («cura de almas»).

La gente suele usar la palabra cura como si fuera sinónimo de sacerdote.

VICARIO

Vicario viene del latín vicarius, que significa «el que hace las veces de otro». Indica a la persona que tiene el poder o la facultad de sustituir a un titular cuando se encuentra ausente o si, por la razón que sea, no puede realizar algunas funciones.

Un vicario parroquial es un presbítero designado por el obispo para apoyar a un párroco en las labores de atención de la parroquia. Una parroquia puede tener uno, varios o ningún vicario.

CAPELLÁN

El capellán es un sacerdote a quien se encomienda establemente la atención pastoral de alguna institución o grupo de fieles. Hay capellanes para unidades militares (capellán castrense), prisiones (capellán penitenciario), hospitales, barcos, universidades, etc.

TEMA DE LA SEMANA: UN TALLER PARA APRENDER A ORAR

Publicado en la edición impresa de El Observador del 18 de agosto de 2019 No.1258