Tras el conocido incendio en París de la catedral de Notre Dame, ocurrido el 15 de abril de 2019, los políticos se apresuraron a hablar de lo que esta construcción significa: «Notre Dame de París es nuestra historia, nuestra literatura, nuestro imaginario, el lugar donde hemos vivido nuestros grandes momentos: nuestra epidemias, nuestras guerras, nuestra liberación» (Emmanuel Macron, presidente de Francia); «Es un símbolo de Francia y de nuestra cultura europea» (Angela Merkel, canciller alemana); «Notre-Dame de París pertenece a toda la humanidad entera. Ha inspirado a tantos escritores, tantos pintores, tantos filósofos, a tantos visitantes venidos de todas partes» (Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea).

Independientemente de que Notre Dame tenga muchos significados, entre ellos ser símbolo de la arquitectura gótica, lo principal es que, construido para ser un templo cristiano, es efectivamente el símbolo del catolicismo francés.

Ocurrida la tragedia, por todos lados se prometieron millones de euros para su reconstrucción. Pero con ello también llegaron sugerencias para reconstruir la catedral con elementos secularistas, privándola de su identidad católica. Por ejemplo, el estudio de arquitectura Ulf Mejergren Architects, de Estocolmo, Suecia, proyectó reemplazar el techo de Notre Dame por una enorme alberca pública; el arquitecto y paisajista Clément Willemin, de la agencia BASE, sugirió que el techo de Notre Dame albergue un pequeño bosque accesible al público; Francisco Gómez Tejada, del estudio NAB, piensa más bien en una especie de invernadero en la azotea.

En cuanto a la aguja, los proyectos para su reconstrucción contemplan que en su parte más alta ya no lleve la Cruz, el símbolo más conocido del cristianismo.

Hoy el símbolo de la cruz es frecuentemente atacado. En China, al menos desde 2014, el gobierno comunista derriba las cruces en los templos cristianos. En los primeros seis meses de aquel año, sólo en la provincia de Zhejiang 360 edificios ya habían sido afectados con esta medida, la cual continúa aplicándose hasta la fecha.

Se ha hecho muy frecuente que en cementerios de Francia ingresen por la noche personas que se dedican a destruir las cruces que señalan las tumbas cristianas. En Płońsk, Polonia, el pasado 28 de mayo, en la capilla de san Padre Pío, fue profanado el crucifijo al quitarlo de la pared y hacerlo añicos. El día 29 de mayo, en Marsella, Francia, el gran crucifijo que se encuentra en frente del templo de Saint-Patrice fue profanado con pintura azul, pero dos semanas antes ya había sufrido otra profanación.

También las imágenes de la Virgen y de los santos, así como templos y capillas, suelen recibir ataques. Y aunque la Iglesia no dejaría de existir por carecer de esta clase de símbolos externos, hay que reconocer que, si son atacados, es porque realmente son importantes y efectivos.

Así, cada vez hay más sacerdotes que están redescubriendo la importancia del uso de la sotana como signo de la presencia de Cristo. El padre Simon Chouanard cuenta: «Dicen que la sotana te cierra puertas, pero a mí me las abre… Con mi hábito desfasado que simboliza una disposición al servicio, la gente me aborda más fácilmente». Para el padre Stanislas Briard la sotana «es un útil de evangelización con una utilidad muy práctica. Es una forma sencilla de relacionarte con las personas. Te paran por la calle. Puedes tener una conversación muy profunda, o que te pidan confesarse en medio de un supermercado».

Por eso hay que valorar y preservar los símbolos cristianos. La repentina vista de, por ejemplo, una cruz en lo alto de un cerro, de una imagen mariana en la calle, o de una monja con hábito viajando en autobús, puede llevar un mensaje muy importante para una persona en un momento específico.

El signo por excelencia de los católicos es la cruz de Cristo

«La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados». (Benedicto XVI)

«En cuanto a mí, no quiero sentirme orgulloso más que de la cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor» (Gálatas 6, 14)

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: LOS SÍMBOLOS DEL CATOLICISMO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de julio de 2019 No.1255