El propósito de los Evangelios es presentar a la Persona de Jesucristo como el Mesías esperado, el Salvador, el Redentor.

Cada uno de los cuatro evangelistas —san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan— escribió pensando en un público en particular; pero el Espíritu Santo, que los movía a escribir, quiso que sus escritos fueran para todos los hombres de todos los tiempos.

No hay un consenso sobre cuando se escribieron los Evangelios, pero aquí hay algunas teorías:

  • El Evangelio según san Mateo quizá se escribió entre los años 70 y 90 d.C. Sus destinatarios eran las comunidades compuestas por judeocristianos, por eso en él se citan 130 versículos del Antiguo Testamento.
  • El Evangelio según san Marcos se escribió para cristianos gentiles. Según san Ireneo, esto ocurrió después de la muerte de san Pedro y de san Pablo; en cambio, san Clemente de Alejandría pensaba que se escribió antes de la muerte de san Pedro, o sea antes del año 64 d.C. Los historiadores que no creen en profecías piensan que en el capítulo 13 san Marcos escribió sobre lo que veía de la guerra de los judíos contra los romanos (66-77 d.C.), pero como no menciona la caída de Jerusalén, del año 70 d.C. , suponen que escribió poco antes de ese año.
  • El Evangelio según san Lucas, también dirigido a los cristianos gentiles, debío escribirse antes del año 70. Pero el criterio de los historiadores que no creen en lo sobrenatural es que fue escrito entre los años 80 y 85 d.C. ya que en el capítulo 21 habla san Lucas de la destrucción de Jerusalén del año 70 d.C., y suponen que eso sólo es posible porque ya era un hecho del pasado.
  • El Evangelio según san Juan es una síntesis cristológica muy elevada, y fue escrito probablemente durante los últimos años del primer siglo de la era cristiana. San Juan escribió para personas conocedoras de la cultura judía y al mismo tiempo en contacto con el pensamiento griego, probablemente los miembros de una comunidad cristiana, de Éfeso.

TEMA DE LA SEMANA: LOS EVANGELIOS, ¿PARA QUÉ NOS SIRVEN?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de septiembre de 2019 No.1263