«Nuestra principal tarea de cristianos es mantenernos unidos a Cristo para poder dar luego todo género de frutos. ‘Yo soy la Vid y ustedes las ramas. Si alguien permanece en Mí, y Yo en él, produce mucho fruto; pero sin Mí nada pueden hacer’ (Jn 15, 6). Meditar las palabras de Jesús y contemplar su ejemplo en los Evangelios es por eso tan fundamental». San Cirilo de Alejandría

«Los evangelistas explican siempre todo de manera resumida, por razón de brevedad». San Juan Crisóstomo

La palabra «evangelio» viene del griego euangélion, que a su vez deriva de euángelos, que significa «portador de una noticia alegre»; entonces «evangelio» es aquello que trae un euángelos, o sea una «buena noticia». Pero como en este caso no se trata de cualquier noticia agradable sino de la noticia por excelencia, la insuperable, hay que hablar de la Buena Noticia o del Evangelio con mayúscula.

En el Antiguo Testamento se puede leer un término equivalente a «evangelio»: se trata de la palabra hebrea besóráh, que sólo aparece seis veces, y siempre en sentido profano, a veces indicando un mensaje alegre: II Sam 18,20.25.27; II Re 7,9; y las otras, un premio por un mensaje alegre: II Sam 4,10; 18,22.

En el Nuevo Testamento la doctrina de Cristo le da al término Evangelio un carácter exclusivamente religioso.

Así, «evangelizar» ya no es sólo comunicar mensajes alegres, sino que en adelante se entiende como el anuncio de la salvación que nos ganó Jesucristo.

En las cartas de san Pablo el término «evangelizar» aparece veinte veces; en el Evangelio según san Lucas, quince; en los Hechos de los Apóstoles, diez; en las cartas de san Pedro, tres veces; en la carta a los Hebreos y en el Apocalipsis, dos veces, y en el Evangelio según san Mateo, una vez.

¿CUÁNTOS EVANGELIOS HAY?

La respuesta más apresurada sería «cuatro»: el de Mateo, el de Marcos, el de Lucas y el de Juan».

Sin embargo, la respuesta más correcta es que hay un solo Evangelio, no cuatro.

Más aún, los Padres de la Iglesia entendían como Evangelio no solamente los cuatro libros que hoy llamamos Evangelios, sino todo el Nuevo Testamento; san Ireneo, san Clemente Romano, san Clemente de Alejandría y san Eusebio, por mencionar a algunos, hacían hincapié en la existencia de un único anuncio salvífico, por tanto, de un solo Evangelio.

De hecho, la fórmula secundum (por ejemplo, E. secundum Matthaeum, o sea «Evangelio según san Mateo»), surgida en tiempos de la Iglesia primitiva, se utiliza solamente para indicar con más claridad la referencia del escrito de las Sagradas Escrituras del que se está hablando.

En otras palabras, en lugar de decir Evangelio de Mateo, Evangelio de Marcos, Evangelio de Lucas y Evangelio de Juan, lo correcto es decir, tal como la Iglesia hace siempre en la liturgia de la Palabra: Evangelio según san Mateo, Evangelio según san Marcos, etc.

OCUPAN EL LUGAR MEDULAR

De los 73 libros que forman las Sagradas Escrituras, los llamados Evangelios ocupan el lugar medular, puesto que recogen el testimonio de la obra salvadora de Cristo, es decir, el cumplimiento de lo anunciado desde el Antiguo Testamento.

Ahora bien, la orden que la Iglesia recibió de Jesús no fue escribir ni leer, sino predicar la Buena Nueva, cosa que los discípulos cumplieron cabalmente (cfr. Mc 16, 15. 20). Pero años después de la Ascensión, inspirados por el Espíritu Santo, cuatro discípulos del Señor anotaron algunos dichos y hechos del Salvador. San Juan es muy claro al advertir que no todo quedó por escrito: «Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían» (Jn 21, 25).

RAZÓN DE LOS EVANGELIOS

¿Por qué se escribieron los Evangelios? San Juan responde: «Estas cosas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su Nombre» (Jn 20, 31).

D. R. G. B.

TEMA DE LA SEMANA: LOS EVANGELIOS, ¿PARA QUÉ NOS SIRVEN?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de septiembre de 2019 No.1263