De los cuatro textos del Evangelio, hay tres de ellos (el de san Mateo, el de san Marcos y el de san Lucas) que, a pesar de sus diferencias de estilo, de enfoque, de lenguaje y de que no todos narran exactamente las mismas cosas, presentan sin embargo semejanzas tan grandes en cuanto a contenido y estructura que se les llama «sinópticos».

La palabra «sinóptico» derivada del griego sinopsis, que a su vez viene de syn, que significa «con» o «junto», y opsis, que significa «ver» o «visión». Se les llama Evangelios sinópticos porque pueden ser dispuestos para ser «vistos juntos» en columnas paralelas, descubriéndose de este modo que hay muchas partes redactadas con las mismas palabras y con el mismo orden.

De esto han surgido varias teorías. Una de ellas sugiere que dos de los evangelistas «plagiaron» el trabajo del otro. Según esto, el Evangelio según san Marcos sirvió de fuente a los Evangelios según san Mateo y según san Lucas. ¿Por qué se piensa que copiaron a Marcos? Porque el lenguaje de éste es más «primitivo», ya que deja ver a Jesús en su parte más humana, mientras que Mateo y Lucas repiten las mismas narraciones pero omitiendo las partes que muestran al Señor como un ser humano cualquiera —por ejemplo, emociones como dolor, enojo o asombro—, y agregando, en cambio, aquello que muestra su grandeza.

Otra teoría sugiere que los tres tuvieron las mismas fuentes orales, y que, de hecho, el orden en que aparecen en la Biblia (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) es exactamente el mismo en que los Evangelios fueron escritos.

En el siglo XIX surgió la «hipótesis de Q», que sostiene que debió existir un texto anterior del Evangelio, que ya se perdió y al que se le ha asignado el nombre de «Q», en cual se basaron los tres sinópticos. Pero hasta ahora nadie ha podido demostrar científicamente que ese hipotético «Evangelio Q» haya existido.

De acuerdo con las revelaciones privadas de la beata estigmatizada Ana Catalina Emmerick, «ninguno de los evangelistas, al escribir su libro, usó el escrito de los otros».

TEMA DE LA SEMANA: LOS EVANGELIOS, ¿PARA QUÉ NOS SIRVEN?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de septiembre de 2019 No.1263