En el capítulo 4 del libro del Apocalipsis, el Ápostol san Juan narra una visión sobrenatural muy particular que Dios le concedió:

Él vio que, en el Cielo, «en medio del trono, y en torno al trono» de Dios, había «cuatro Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente, como un toro; el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo».

El significado de estos cuatro Vivientes aún es un misterio sin resolver. Pero unos 700 años antes, el profeta Ezequiel (Ez 1, 5-28) ya había visto a los cuatro Vivientes con el trono de Dios sobre sus cabezas. Pero en lugar de que uno tuviera aspecto de león, otro de toro, uno más de hombre y el cuarto de águila, describe que «por su aspecto parecían hombres» con alas, cada uno con cuatro caras: «los cuatro tenían un rostro de hombre, un rostro de león a la derecha, un rostro de toro a la izquierda, y un rostro de águila».

En el capítulo diez del libro de Ezequiel esos cuatro seres son llamados «querubines», que es el nombre de uno de los coros de los ángeles. Pero desde el siglo IV en la Iglesia los cuatro Vivientes fueron tomados como símbolo de los cuatro discípulos que fueron autores de los Evangelios:

  • San Mateo es identificado con el hombre porque su Evangelio comienza con la lista de los antepasados de Jesús, y con el anuncio de su Encarnación, es decir, con la acción por la cual, siendo Dios, se hizo también hombre.
  • San Marcos es identificado con el león porque su Evangelio comienza con la predicación de san Juan Bautista, la «voz que clama en el desierto», solitaria pero potente como el rugido de un león.
  • San Lucas es identificado con el toro, animal que en el templo era ofrecido en sacrificio a Dios, porque su Evangelio comienza y termina precisamente en el templo de Jerusalén.
  • San Juan es identificado con el águila porque su Evangelio comienza con un «vuelo espiritual»: la contemplación de Dios Hijo en las alturas celestiales.

TEMA DE LA SEMANA: LOS EVANGELIOS, ¿PARA QUÉ NOS SIRVEN?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de septiembre de 2019 No.1263