Por Angelo De Simone

Trabajar en el ámbito educativo no es tarea fácil, ya que en el camino debemos ir descubriendo constantes en nuestro ser y que hacer de maestros. Es cierto que el aprendizaje no termina hasta el encuentro con Cristo el día de nuestra muerte, pero eso no deja a un lado lo gratificante que es el encontrarlo en cada uno de los niños y jóvenes que se encomiendan a nuestro cuidado y tutoría. Todos los que trabajamos en este ámbito sabemos la ardua tarea que conlleva esta responsabilidad, pero somos Bienaventurados en la medida en que respondemos a Dios en cada una de nuestras acciones de esta hermosa vocación a la que él nos ha llamado: Educar.

  • Bienaventurados los educadores que meditan diariamente la Palabra de Dios.
  • Bienaventurados los educadores que quieren estar y trabajar en las escuelas más necesitadas.
  • Bienaventurados los educadores que reproducen en sus vidas lo enseñado por Cristo.
  • Bienaventurados los educadores que saben discernir y decidir en equipo.
  • Bienaventurados los educadores que son testigos de la alegría de la sabiduría.
  • Bienaventurados los educadores que siempre tienen su oído dispuesto a escuchar a sus estudiantes.
  • Bienaventurados los educadores que son testimonio de vida fraterna.
  • Bienaventurados los educadores que hacen de la caridad de su vocación, el principio interior de sus vidas.
  • Bienaventurados los educadores que en determinadas ocasiones simulan no ver ni oír a sus estudiantes.
  • Bienaventurados los educadores que día a día están en formación permanente.
  • Bienaventurados los educadores que animan y corrigen paternalmente.
  • Bienaventurados los educadores que esforzándose por entender a sus estudiantes practican la paciencia y la compasión.
  • Bienaventurados los educadores que se hacen un tiempo para el ocio y la recreación.
  • Bienaventurados los educadores a quienes la realidad de las escuelas y la educación les quita el sueño.
  • Bienaventurados los educadores que deciden en conciencia y clima de oración.
  • Bienaventurados los educadores que trabajan y se divierten junto a sus estudiantes.
  • Bienaventurados los educadores que huyen de todo protagonismo para que sus estudiantes crezcan.
  • Bienaventurados los educadores que aun siendo educadores continúan “ejerciendo” de estudiantes.
  • Bienaventurados los educadores que no hablan mal de sus colegas.
  • Bienaventurados los educadores que respetan con prudencia y acompañan con esperanza los procesos de sus estudiantes.
  • Bienaventurados los educadores que distinguen lo importante de lo urgente.
  • Bienaventurados los educadores que optan preferencialmente por el estudiante débil, herido y excluido.
  • Bienaventurados los educadores que tienen gestos fraternos con sus propios compañeros de equipo.
  • Bienaventurados los educadores que se “desvelan” para que sus estudiantes tengan el pan de cada día.
  • Bienaventurados los educadores que priorizan el acompañamiento personalizado.
  • Bienaventurados los educadores que renuevan su mirada y aquilatan su corazón frente a Dios.
  • Bienaventurados los educadores que día a día luchan por un país mejor…