1. ¿Son espíritus o son personas?

Ambas cosas. Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que los ángeles, «en tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales» (n. 330).

Los ángeles son, pues, espíritus puros y, a la vez, son personas. Esta afirmación puede ser motivo de confusión porque en el lenguaje coloquial suele utilizarse equivocadamente la palabra «persona» como sinónimo de «ser humano».

Lo que hace que una persona sea persona es que posee cuatro cualidades superiores dadas por Dios: inteligencia, voluntad, libertad y capacidad de amar. Por ello tantos los ángeles como los demonios y los seres humanos son personas. No es el cuerpo lo que hace persona a nadie.

  1. ¿Seré un ángel después de morir?

Cuando los saduceos preguntaron a Jesús de quién sería esposa, tras la resurrección de los muertos, una viuda sin hijos que por la ley del levirato pasó a ser esposa de siete hermanos, y Él les contestó: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios. Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como los ángeles en el Cielo» (Mt 22, 29-30).

Malinterpretando este pasaje, hay protestantes que creen que cuando la gente buena se muere se convierte en ángel. También entre católicos mexicanos hay este error, al pensar que los infantes fallecidos se convierten en angelitos.

Otra posible causa de confusión radica en lo que san Agustín y otros santos y místicos sostienen: que los hombres fueron creados para llenar los huecos en el Cielo que dejaron los ángeles caídos. Sin embargo, esto no significa convertirse en ángeles. De hecho, tras la resurrección de los muertos los salvados no sólo estarán en el Cielo con su espíritu, sino con su cuerpo.

  1. ¿Cuántos ángeles existen?

Cuando el profeta Daniel tuvo una revelación de Dios Padre, pudo ver que «miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia» (Dn 7, 10). En Mateo 26, 53 Jesús habla de «legiones de ángeles». En la Natividad los pastores pudieron ver que «apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios» (Lc 2, 13). La Carta a los Hebreos dice que en la Ciudad de Dios, la Jerusalén Celestial, hay «una multitud de ángeles» (Hb 12, 22). Y en el Apocalipsis el apóstol san Juan atestigua: «… oí la voz de una multitud de ángeles que estaban alrededor del trono… Su número se contaba por miles y millones» (Ap 5, 11).

San Cirilo de Jerusalén (315 – 386), doctor de la Iglesia, explica al respecto: «Imagina cuan numeroso es el pueblo romano, imagina cuan numerosos son los otros pueblos actualmente existentes y cuantos de ellos murieron en cien años; imagina cuantos estarían sepultados en mil años; imagina a los hombres desde Adán hasta nuestros días: toda su enorme cantidad. Todo esto es poco en comparación con los ángeles, que son más numerosos…

«Así los cielos de los cielos contienen una cantidad innumerable de éstos. Si está escrito que ‘millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de Él’, eso es sólo porque el profeta no pudo expresar un número mayor».

  1. ¿Qué tan poderosos son?

Los ángeles, enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 330), son criaturas «inmortales» (no tienen que pasar por el proceso de la muerte, como el hombre; cfr. Lc 20, 36) y además «superan en perfección a todas las criaturas visibles».

Dice la Escritura que «los pensamientos de los mortales son tímidos, e inseguras las ideas que nos formamos, pues un cuerpo corruptible entorpece la conciencia, y el vivir en casa de barro hace pesado el espíritu con sus mil pensamientos» (Sab 9, 14-15). Como la naturaleza de los ángeles es puramente espiritual, y no corporal-espiritual como la humana, el conocimiento que tienen es mucho más perfecto que el del hombre.

Pero por ser criaturas de Dios son, con mucho, inferiores en conocimiento y voluntad a Dios.

Pero los ángeles no lo saben todo, según enseña san Pablo: «Sólo el Espíritu de Dios conoce los secretos de Dios» (1 Co 2, 11); por ejemplo, los ángeles no saben cuándo será el Juicio Final: «En cuanto se refiere a ese día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios» (Mt 24, 36).

  1. ¿Se pueden aparecer cuando quieren?

Que los ángeles pueden hacerse de algún modo visibles a los seres humanos, es algo que se atestigua muchas ocasiones tanto en el Antiguo y como en el Nuevo Testamento.

San Rafael, por ejemplo, se apareció con aspecto humano a Tobías. Se le presentó bajo el pseudónimo Azarías y lo acompañó en su viaje de Nínive a Ecbatana y a Ragués de Media.

Pero al final de aquella empresa, cuando Tobías estuvo de retorno en Nínive, y su padre Tobit lo instó a pagar abundantemente a Azarías por sus invaluables ayudas, el arcángel se reveló: «Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles servidores del Señor que en cualquier momento tienen acceso a su Gloria… Yo no les he hecho ningún favor, fue por voluntad de Dios que los acompañé. A Él, pues, deben bendecir todos los días de su vida, a Él deben cantarle. Ustedes me veían comer, pero eran sólo apariencias» (Tobías 12, 15-19).

Los ángeles, entonces, no se aparecen cuando ellos quieren, sino cuando quiere Dios.

  1. ¿Dice la Biblia que cada quién tiene un ángel custodio?

Revela la Biblia que Dios «te encomendará a sus ángeles para que te guarden de todas tus idas y venidas» (Salmo 90, 11). También el Señor ratificó la existencia del personal y permanente ángel custodio cuando dijo: «Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el Cielo la faz de mi Padre, que está en los Cielos» (Mt 18,10).

Hay que recordar que no todas las revelaciones de Dios quedaron anotadas a detalle en las Sa-gradas Escrituras; apenas una parte de lo que el Señor hizo y dio a conocer a los Apóstoles quedó en aquel entonces por escrito (cfr. Jn 20, 30-31; 21, 25). Pero los Apóstoles transmitieron todo lo recibido a la Iglesia, que es lo que se llama Tradición (con mayúscula), y parte de ésta es que cada uno tiene un ángel custodio; muestra de ello es que, cuando san Pedro fue sacado de la cárcel y llamó a la puerta de la casa donde están reunidos los discípulos de Jesús, ellos creían al principio que no podía ser Pedro, por lo que decían: «Será su ángel»

(Hch 12, 15).

«Dios quiere que todos se salven» (I Tim 2, 4), por eso el ángel custodio se le dio a todos, crean o no crean en Cristo, sean buenos o malos.

  1. Si mi ángel está para ayudarme, ¿por qué falla?

Los ángeles de la guarda pertenecen al rango menos poderoso de las cuatro jerarquías angélicas. Por otro lado, la mayoría de los demonios o ángeles caídos pertenecen a las jerarquías elevadas, y con su caída no han sido despojados de sus poderes. En ese sentido, la tentación de un ángel caído puede percibirse como más fuerte que la ayuda que el ángel de la guarda pueda ejercer sobre un ser humano para no caer en dicha tentación.

Sin embargo, los ángeles de la guarda no actúan a título personal, sino en el nombre de Dios. Así que no se debe creer que fallan o que son ineficaces. Más bien, como los santos y místicos coin-ciden, para que la relación de una persona humana con su ángel custodio produzca un resultado mucho más eficaz, es necesario que ésta hable  con él, lo llame y le pida su auxilio. Si no se les solicita su ayuda, los ángeles de la guarda están limitados en cuanto a lo que pueden hacer, ya que ni Dios ni ellos le quitan la libertad a nadie.

Quien ora pidiendo ayuda a su ángel, efectivamente recibirá una ayuda mucho mayor que quien no lo hace. Hay que invitar todos los días al ángel de la guarda pidiendo su custodia en casa, en el trabajo, en la escuela, en la calle, en los viajes, etcétera. El resultado obtenido también depen-derá de las intenciones en los corazones de los hombres.

  1. ¿Los ángeles son varones o mujeres?

El sexo es una cuestión propia de las criaturas animales, incluidos los hombres. Los ángeles care-cen de sexo; es decir, no son ni varones ni mujeres porque son espíritus puros.

Ciertamente en la historia de la salvación se les ha descrito a menudo como varones; esto por-que Dios ha permitido que se manifiesten visiblemente bajo aspecto humano, como ocurrió cuando a Abraham se le aparecieron tres ángeles bajo la apariencia de tres varones (cfr. Gn 18,1-2), o cuando san Rafael se mostró como varón a Tobías (Tb 5, 4-5).

La visión que tuvo  una mística seglar contemporánea en una Misa, y que publicó con el permiso de su obispo, muestra algo muy parecido a lo que santos y místicos de todos los tiempos han experimentado cuando Dios les concede visiones angelicales:  «Llegó el Ofertorio… De pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes… Dijo nuestra Madre: ‘Ob-serva, son los ángeles de la guarda de cada una de las personas que está aquí’… Lucían unos ros-tros muy bellos, casi femeninos; sin embargo, la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatu-ra era de varón».

También el arte, a lo largo de los siglos, ha representado a los ángeles con apariencia humana y muy jóvenes, pero con atributos de belleza tanto femenina como masculina.

  1. ¿Cuando yo muera, mi ángel custodiará a otro?

Los místicos católicos enseñan que los ángeles custodios o de la guarda reciben de Dios una única tarea, que es la de acompañar a un hombre en particular —varón o mujer—en la Tierra, prote-giéndolo, guiándolo e intercediendo por él a fin de ayudarlo a alcanzar la vida eterna.

Si el hombre al morir va al Purgatorio, su ángel lo acompaña; si va al Cielo, el ángel va con él a este lugar; y si va al Infierno, el ángel de la guarda retorna al Cielo solo. En cualquiera de los tres casos, no vuelve a ser custodio de otro ser humano.

TEMA DE LA SEMANA: «ENVIARÉ DELANTE DE TI UN ÁNGEL…» (ÉXODO 33,2)

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de septiembre de 2019 No.1264