Por Alejandra Hoyos

Quizá has escuchado la frase de: «las niñas bonitas no se enojan». No sé si alguien me la dijo de niña o fue el miedo que me daba mi papá cuando me enojaba de forma explosiva.

Es probable, que él haya aprendido a expresar el enojo de la forma en que lo hacían mis abuelos. Así, crecí creyendo que yo no me enojaba; cuando en realidad reprimía la emoción. Con mi hija Elisa, descubrí que puedo llegar a enojarme de manera explosiva. En este artículo, quise compartir algunas estrategias que descubrí y estoy empezando a poner en práctica desde mí; pues más allá de lo que le diga a Elisa sobre el enojo, importa la forma en que yo actúe cuando esté enojada.

El enojo aparece cuando sientes que tú o alguien que te importa está siendo injustamente tratado. En los niños, también aparece cuando se sienten inseguros, o ven interferida la realización de un deseo o meta. El enojo nos sirve para poner límites, y para defender nuestras creencias y nuestra dignidad. Es una emoción muy común. Por eso, la galaxia de la ira es una de las más grandes y tiene muchos matices como rabia, enfado, resentimiento, odio, furia, cólera, rencor, envidia y hostilidad.

Daniel Goleman habla del secuestro emocional de la ira, ya que podemos llegar a decir o hacer cosas de las que nos arrepentimos. Sin embargo, los neurocientíficos hablan del cuarto segundo mágico. Ese instante en que podemos enfriar la ira y calmarnos, antes de que nos secuestre. Cómo cualquier emoción se puede aprender a expresar y regular.

Elsa Punset, en su libro Los Atrevidos y el misterio del dinosaurio recomienda algunas claves para ayudar a tus hijos a regular el enojo:

Enseñar con el ejemplo. Los niños aprenden por imitación, más allá de lo que les digamos; importa la manera en que reaccionamos cuando estamos enojados.

Busca espacios de calma y serenidad. A través de la respiración, de hacer ejercicio caminar o dibujar; busca espacios para estar en calma y que te ayuden en los momentos de crisis.

Habla de las emociones con tus hijos. Es importante hablar de las emociones con tus hijos, especialmente esas que son displacenteras y explosivas. Si tuviste un secuestro emocional y reaccionaste de manera agresiva con tus hijos, lo mejor que puedes hacer es hablar de lo sucedido cuando ya te hayas calmado y buscar nuevas formas de enfriarte cuando estés en el momento crítico. Si fue tu hijo el que actuó así, igual habla de lo sucedido con él y sigan con las estrategias.

Existen otras formas de ayudar a nuestros hijos a expresar su enojo y poder regularlo, que recomienda Elsa Punset. Voy a platicar tres de las estrategias que sugiere, que yo misma estoy empezando a poner en práctica:

Contar hasta diez. Con los más grandes puedes sugerirles que cuenten de atrás hacia adelante. Eso les exige mayor concentración y que aparten su mente de lo que les enfade.

Respiración y relajación. Con niños de 3 y 5 años, en el momento que estén empezando a enojarse, puede ayudar ponerlos a hacer burbujas. Ya que, para hacerlas, requieren inhalaciones largas. Con niños más grandes, les puedes pedir que se recuesten y pongan su mano o un peluche en el vientre, para que perciban como se eleva su estómago al inhalar.

Caja para calmarse. Esta actividad consiste en decorar una caja de cartón, y dentro poner objetos agradables para nuestros hijos que le ayuden a relajarse: una manta, un cojín, un libro, crayolas y hojas para dibujar, un rompecabezas, etc.

Me queda claro que el verdadero reto está en esos momentos de caos y cansancio cuando estoy frente a Elisa; en la forma en que regule mi enojo, en vez de actuar desde el secuestro emocional. Sin embargo, es un proceso y cómo cualquier habilidad requiere tiempo, constancia y creatividad.

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de septiembre de 2019 No.1263