Por Tomás de Híjar Ornelas

“El que pretende que la religión se debe encontrar en la Iglesia, puede abstenerse de ir a la iglesia” John Henry Newman

El 13 de octubre del 2019, al tiempo que el Papa Francisco canonizaba en Roma a uno de los conversos al catolicismo más relevante de todos los tiempos, John Henry Newman (1801-1890),

las mujeres de un grupo, en la ciudad minera por excelencia en México, anunciaron su decisión de darle vida al movimiento «Apostasía Colectiva Zacatecas», inspirándose en otro con idénticos fines creado en Argentina hace ya algunos años, y en repudio a una campaña permanente de oración a favor de la vida y la familia instalada en una plaza de esa capital.

Todas ellas pertenecen a colectivos feministas o de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, transexuales, travestis, intersexuales y queer, por sus siglas LGBTTTIQ+.

Según las organizadores, lo que pretenden es «llevar a cabo una campaña masiva de renuncia a la Iglesia», para lo cual convocan a todos los que ahora tengan motivos para repudiar haber recibido el bautismo sin que se les tomara el consentimiento (como tampoco se hizo para traerlos al mundo, darles una ciudadanía y una cultura, añadimos), a formalmente dejar de pertenecer a la Iglesia.

Añaden que ellas no quieren ser «por más tiempo cómplices de todos los crímenes que históricamente ha perpetrado la Iglesia en nombre de Dios» y justifican su rechazo total a ella «por su ideología ultraconservadora, retrógrada, opresora y sexista». Apelan también al mal testimonio de conducta de aquellos clérigos que no viven los consejos evangélicos de pobreza y continencia.

Empero, su repudio a la fe católica puntualmente lo sustenta la disciplina derivada del sexto mandamiento del decálogo, a saber, el uso de anticonceptivos, la abstinencia sexual fuera del matrimonio canónico, la equiparación de matrimonio a la unión civil entre personas del mismo sexo, la despenalización del aborto y la garantía de atención profesional a la mujer preñada que lo pida.

Según el plan de las organizadoras, el próximo 23 de octubre quienes acepten su propuesta deberán congregarse fuera de la curia episcopal zacatecana para entregar, junto con una copia auténtica de su fe de bautismo y de su identificación oficial, un acta de apostasía, operativo que, a partir de esa fecha, replicarán allí mismo cada dos meses como parte de una campaña que esperan sea permanente.

Paradójicamente, la líder feminista más importante de estos movimientos en esa entidad es Mara Muñoz Galván, miembro de una familia que se distingue por su cercanía a la Iglesia y por su defensa integral a la vida. Según ella, las promotoras de esta campaña de apostasía lo hacen para «concientizar sobre los excesos históricos de la institución eclesial católica» y sus «formas corruptas de mediar en una relación que debería ser estrictamente personal» [la religiosa].

Lo irónico en su caso es que tal postura no le ha impedido a Mara, por ejemplo, bajo el estandarte de las Católicas por el Derecho a Decidir, convocar en los próximos días y en el mismo sitio, un foro donde intervendrá Julián Cruzalta, fraile dominico suspendido y en proceso de expulsión, quien aun cuando abandonó la Orden de Predicadores hace un cuarto de siglo, se dedica desde entonces a medrar con el hábito.

Acerca de todo ello, el obispo de esa sede, don Sigifredo Noriega Barceló, recordó que si bien los mexicanos «tenemos derecho a creer o no», pronunciarse mediáticamente en estos términos en una sociedad democrática denota una postura lesiva al diálogo y a la libertad religiosa, añadiendo, empero, que a quien lo pida por escrito, se agregará al margen de su fe de bautismo su decisión a cometer apostasía.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 20 de octubre de 2019 No.1267