Por P. Fernando Pascual

Diversos estudios, desde hace años, muestran hasta qué punto Internet crea adicciones en personas de todas las edades.

Entre los indicios de riesgo o síntomas que avisan ante una posible adicción a Internet hay uno que es fácil de concretar y, esperamos, de usar para evitar la dependencia.

¿Cuál es ese síntoma? Consiste en reconocer que con frecuencia uno desea hacer una serie de actividades reconocidas como buenas, y luego las deja a un lado (las pospone) para navegar por la red.

Eso ocurre, por ejemplo, cuando una persona sabe que sus padres desean que les llame por teléfono pero prefiere ver vídeos en youtube que le «impiden» hacer esa llamada.

O cuando un estudiante ha programado su tarde para terminar un trabajo pero no avanza nada porque estuvo contestando mensajes de poca importancia en Facebook o en Instagram.

O cuando un profesionista ha recibido una tarea urgente y no la termina a tiempo porque se dedicó a descargar sus canciones favoritas.

La lista de ejemplos es larga. En esos y otros casos se hace evidente cómo uno deja de hacer lo que desea al quedar aprisionado por las facilidades y el gusto que ofrece una larga navegación entre las casi infinitas ofertas de Internet…

Un modo sencillo de liberarse de un uso inadecuado de Internet consiste en pequeños actos de voluntad que nos permitan empezar inmediatamente lo que vemos como importante y bueno, mientras dejamos a un lado los gustos de la Red.

Así, si la pantalla me invita a ver el tráiler de una nueva película, lo dejo para otro momento y me concentro en ese mensaje que es tan importante para el buen funcionamiento de la oficina.

Esos actos de voluntad, lo saben los expertos, no resultan posibles cuando se ha llegado a un nivel alto de dependencia. Si eso ocurre, hace falta recurrir a un tratamiento de desintoxicación.

Pero cuando no se ha llegado a una dependencia patológica de Internet, una voluntad sana y un corazón generoso son capaces de esos pequeños actos que no solo impiden caer en la adicción, sino que permiten aprovechar mejor el breve tiempo que tenemos en esta tierra para recibir y dar amor a Dios y a los demás.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 20 de octubre de 2019 No.1267