Por Jaime Septién

México celebra la fiesta de san Judas Tadeo, «san Juditas», en medio de las balas, del hartazgo por la impunidad, la pesadumbre por sus muertos, sus desaparecidos, y de la conducción errática, por no decir desastrosa, en los asuntos públicos de los últimos gobiernos federales.

Culiacán es una horrible metáfora del atolladero en el que nos ha metido la corrupción. Corrupción que, como dice en su nuevo libro Gabriel Zaid, no es una característica desagradable del sistema político mexicano surgido de la Revolución, sino que es el sistema político mexicano. Y en medio la población, representada por esa mujer que corría aterrada, con su niño en brazos, en medio de la guerra desatada tras la captura del hijo del «Chapo».

Este 28 de octubre el patrono de las causas difíciles verá desbordarse los templos dedicados a su nombre. Miles de madres buscarán en él a sus hijos desaparecidos; miles de familias llorarán el secuestro, la tortura, el robo con violencia de que han sido víctimas este año.

¿Qué hacer ante tantísimo dolor? Por lo pronto, no «dejarle» a san Judas más que la petición que interceda por México ante Dios y que de nosotros, de cada uno de nosotros, no quede sino hacer el bien ahí donde vivimos. Bajar la guardia, sumirnos en en la conformidad será permitirle al mal que gane. ¡Eso jamás! Aunque lenta, la victoria estará siempre del lado de la bondad.

TEMA DE LA SEMANA: EL ABOGADO DE LAS CAUSAS DIFÍCILES Y DESESPERADAS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 20 de octubre de 2019 No.1267