Por Jaime Septién

Las tres grandes Teresas, la de Ávila, la de Lisieux y la de Calcuta, representan un triple mapa de santidad para las mujeres y los hombres del siglo XXI. Los mapas son los que nos muestran por dónde ir si sabemos a dónde queremos llegar. Ninguna de las tres Teresas nos da una ruta plácida. Como si la santidad fuera un paseo iluminado. Existe la «noche oscura del alma» y ellas la vivieron.

Las tres sitúan al final de su itinerario espiritual la salvación: una lo ve cruzando las siete moradas del castillo interior (extrayendo de los Evangelios los momentos culminantes de la relación de Jesucristo con los apóstoles); la otra en la «infancia» espiritual (hacerse como niños para encontrar la inocencia del Amor) y la más reciente, la de Calcuta, enseñando a vivir a Cristo en los pobres (en el «moridero» de su casa de acogida había un lugar especial para colocar a los agonizantes recogidos de los basurales que decía: «El Cuerpo de Cristo»).

Cada una –y falta Teresa Benedicta de la Cruz, santa Edith Stein, la gran conversa de la ciencia de la cruz—nos invita a ser «amigos fuertes de Dios». Una aventura apasionante, que llena de sentido la vida del hombre: encontrarse con Cristo y conformar su vida imitando el Amor. No es fácil. Hay días de sombras. Años de sombras. La santidad nos espera. De cada quién depende quedarse a la mitad del camino. O terminar la ruta.

TEMA DE LA SEMANA: TERESA LA GRANDE: ACERCAR EL CIELO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 6 de octubre de 2019 No.1265