Con el título “Atentos para escuchar el clamor del pobre y comunicar esperanza”, la Asociación Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación, SIGNIS ALC, exteriorizó su sentimiento de preocupación y de dolor frente a la situación de convulsión social que actualmente sacude a Chile, Bolivia y Haití, así como por lo ocurrido en Ecuador, a inicios de octubre, manifestaciones que han cobrado la vida de más de una treintena de personas, miles de heridos y detenidos. En el comunicado se expresa que las recientes protestas registradas en las últimas semanas y días responden al “clamor de los pobres y excluidos, que “no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’” (DA 65), como advirtieron nuestros obispos latinoamericanos en Aparecida, se han lanzado a las calles para gritar y demandar justicia”.

Los comunicadores católicos de América Latina manifiestan que los hechos recientes, “que han despertado a nuestra región de una aparente calma y conformidad, están denunciando a la sociedad que la escandalosa injusticia social no puede permanecer todo el tiempo en silencio.  De hecho, desde hace tiempo y en diferente magnitud e incidencia mediática, en varios países de nuestra América Latina se ha venido escuchando el clamor de poblaciones enteras. “¿Cómo callarse frente al drama persistente del hambre y la pobreza extrema en una época en la cual la humanidad posee como nunca los medios para un reparto equitativo?” (Juan Pablo II, Pastores Gregis, 67).

Tras realizar una breve panorámica a la realidad social y política que está despertando la inconformidad ciudadana y protesta en las calles de varios países de América Latina, SIGNIS ALC señala que estas realidades “nos duelen y desafían a seguir atentos a los clamores y demandas de nuestros pueblos”.

“Como nos recuerda el Papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelli Gaudium, “El imperativo de escuchar el clamor de los pobres se hace carne en nosotros cuando se nos estremecen las entrañas ante el dolor ajeno” (EG 193), las y los comunicadores católicos articulados en SIGNIS ALC nos mantenemos siempre atentos a ese clamor que nos exige no solo denunciarlos proféticamente a través de nuestros medios, sino que -en fidelidad a nuestra misión institucional- nos mueve a sumarnos para buscar y abrir “caminos que aporten a  la transformación de la realidad desde los espacios de comunicación” (Mandato SIGNIS ALC, 2016), dice el comunicado de SIGNIS ALC.

 

A continuación el texto íntegro del comunicado de SIGNIS ALC

Atentos para escuchar el clamor del pobre y comunicar esperanza

“…si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los llamados ricos” (Juan Pablo II, Pastores gregis 67)

“En muchas regiones del mundo la tierra se parece a un polvorín a punto de explotar y diseminar sobre la familia humana enormes sufrimientos”. Esta constatación que hiciera en su momento San Juan Pablo II, en su exhortación apostólica Pastores Gregis (2003), pareciera haber sido escrita a partir de la realidad que vive nuestra América Latina ahora.  Y es que, durante las últimas semanas y días, el clamor de los pobres y excluidos, que “no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’” (DA 65), como advirtieron nuestros obispos latinoamericanos en Aparecida, se han lanzado a las calles para gritar y demandar justicia.  Ya no solo es Haití, en dónde este clamor ha sido permanentemente desoído. Octubre despertó con una impensada rebelión de los indígenas y pobres de Ecuador, que paralizó el país por más de 10 días y desbordó en ira social y represión de las fuerzas del orden, con un saldo doloroso de al menos 8 personas muertas, más de mil heridas, tanto como detenidas, que solo se pudo contener y aplacar luego de que el gobierno aceptara las exigencias de dar marcha atrás a decisiones económicas que afectan a los más pobres.

Pero tan pronto como se apagó el polvorín en Ecuador, de inmediato los jóvenes y  ciudadanos de diferentes clases sociales de Chile, sacudidos por las “injustas desigualdades” y por decisiones de gobierno que  “lesionan especialmente a los grupos más vulnerables” –como expresa el episcopado de Chile-, levantaron su voz y su clamor se convirtió en grito que cubrió las calles y ciudades de este querido país, que revivió escenas dolorosas y traumáticas, por la violencia cruzada del reclamo social y de la represión policial y militar que dejan también al menos 18 muertos y centenares de heridos y detenidos.

Paralelamente, Bolivia se halla también sacudida por un estallido social que exige respeto a la voluntad popular que busca renovar la democracia, a través del voto.

Estos hechos recientes, que han despertado a nuestra región de una aparente calma y conformidad, están denunciando a la sociedad que la escandalosa injusticia social no puede permanecer todo el tiempo en silencio.  De hecho, desde hace tiempo y en diferente magnitud e incidencia mediática, en varios países de nuestra América Latina se ha venido escuchando el clamor de poblaciones enteras. “¿Cómo callarse frente al drama persistente del hambre y la pobreza extrema en una época en la cual la humanidad posee como nunca los medios para un reparto equitativo?” (Juan Pablo II, Pastores Gregis, 67).

Realidades que nos duelen

Desde el un extremo al otro de nuestra verde y diversa región latinoamericana, la pobreza e injusticia social, tanto como los desastres naturales que han azotado a nuestros pueblos de El Caribe, nos preocupan y nos duelen.

Perú, que acaba de salir de una grave crisis política tras la decisión del presidente de la república de disolver el parlamento, y por los graves casos de corrupción; en México nos duele la violencia que sigue regando el negocio del narcotráfico, tanto como la desigualdad social y económica, particularmente en el campo; los países mesoamericanos, heridos por la violencia de la pobreza, que alienta una incesante ola migratoria hacia los EEUU; Brasil, que enfrenta una grave crisis social y política, que se intensificó tras la destitución de la presidenta elegida por el voto popular, por una decisión parlamentaria, y tras graves casos de corrupción que salpicó a sus máximas autoridades;  así también, es muy preocupante el índice de pobreza y la fuerte inestabilidad económica en Argentina; en Colombia nos duele la nueva amenaza a la paz, tras la reciente decisión de una facción de las FARC de retomar las armas y volver a la montaña, tanto como la violencia que sigue regando el negocio ilícito del narcotráfico;  Venezuela, que sigue sumida en una severa crisis social y política, que ha obligado a millones de sus ciudadanos a dejar el país por cualquier medio y por las diferentes fronteras, en búsqueda de una vida digna; Paraguay, que registra también impresionantes niveles de pobreza en el sector rural, son realidades que nos duelen y desafían a seguir atentos a los clamores y demandas de nuestros pueblos.

Como nos recuerda el Papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelli Gaudium, “El imperativo de escuchar el clamor de los pobres se hace carne en nosotros cuando se nos estremecen las entrañas ante el dolor ajeno” (EG 193), las y los comunicadores católicos articulados en SIGNIS ALC nos mantenemos siempre atentos a ese clamor que nos exige no solo denunciarlos proféticamente a través de nuestros medios, sino que -en fidelidad a nuestra misión institucional- nos mueve a sumarnos para buscar y abrir “caminos que aporten a  la transformación de la realidad desde los espacios de comunicación” (Mandato SIGNIS ALC, 2016).

SIGNIS ALC