Por P. Fernando Pascual

Una frase o una idea pueden ser aceptadas porque resultan evidentes. O porque se pueden comprobar fácilmente a través de razonamientos válidos. O porque se basan en experiencias personales de primera mano. O porque se acepta la autoridad y competencia de quien las afirma.

El último modo (aceptar la autoridad y competencia de quien dice algo) está en relación directa con el así llamado principio de autoridad. Tal principio ha sido criticado fuertemente a lo largo de los siglos, también en el mundo antiguo, pero es usado continuamente por millones de personas.

¿Cómo funciona un argumento de autoridad? Por un lado, se reconoce a alguien como competente en un tema concreto. Por ejemplo, si un economista famoso habla de los aciertos o los errores de las decisiones de un gobierno en esa materia, suele ser generalmente escuchado con atención.

Por otro lado, quien acepta un argumento de autoridad lo hace normalmente porque no cuenta, al menos por ahora, con mejores argumentos. Si no he ido todavía al mercado y un familiar bien informado me dice que ha llegado un cargamento importante de plátanos, normalmente acepto su información.

Ciertamente, los argumentos de autoridad son débiles. Débiles, porque no siempre alguien reconocido como competente dice la verdad. Débiles, porque el ser humano prefiere argumentos y pruebas más seguros y firmes, capaces de llegar a un nivel de certeza satisfactorio y bien fundado.

A pesar de su debilidad, la gente vive continuamente como si lo dicho por otros vistos como autoridades (expertos, científicos famosos, periodistas, amigos bien informados, páginas de Internet que parecen serias) fuese correcto, y acepta durante un tiempo, a veces incluso durante años, lo leído o escuchado como si fuese verdadero.

Los desengaños que se producen cuando informaciones mejores o pruebas más precisas desmienten lo que hasta ahora era defendido por las “autoridades” no suelen destruir por completo la confianza general en los argumentos de autoridad. Simplemente, en muchos casos una nueva autoridad, al ser reconocida como más seria, suplanta a viejas autoridades, consideradas ya como superadas.

En el camino de la vida, lo importante es acercarnos a la verdad. Lo haremos con mayores garantías de éxito desde evidencias indiscutibles o gracias a razonamientos impecables. Pero también lo haremos, con menos seguridad pero con interesantes aciertos, gracias a autoridades buenas que comparten lo que saben entre quienes les escuchan.