Por Sergio Ibarra

Los hechos sucedidos en nuestra Patria en el pasado mes, que incluyen a los estados de Guerrero, Michoacán, Sinaloa, la Ciudad de México y Guanajuato, en donde personas como usted y como yo, que decidieron ser policías o soldados, perdieran su vida en el cumplimiento de su deber, algunos emboscados, otros engañados y otros atados de manos por los altos mandos combatiendo al fenómeno de la delincuencia organizada

Cuesta trabajo pasar por alto estos hechos y no hacer una reflexión a esta secuencia de violencia que ha sido necesariamente acompañada de las decisiones del poder ejecutivo y del poder judicial.

La democracia en nuestro país nació hace 19 años. Nuestros jóvenes no vivieron las épocas en que las cámaras de diputados y senadores y el poder judicial no eran mas que unos lacayos del presidente en turno. En estos años incipientes fuimos testigos de que cada quien hiciera lo que le toca manteniendo independencia. Sin embargo, hoy observamos que aquella realidad reflejada en la novela de Casi el Paraíso, de Luis Spota, está de regreso.

No se puede ignorar el perdón público a un líder de uno de los cárteles más peligrosos y equipados que amenazan la paz de la Patria. El Cartel de Sinaloa mostró que estaba adormilado. De todos modos es un grupo que viola la Constitución. ¿Acaso los dejaron de vigilar?

No se puede ignorar que haber tomado esta decisión sienta un precedente en relación a los patrones delincuenciales que con ello se estimula.

No se puede ignorar la creación y el costo de la «Guardia Nacional» que, contraviniendo lo dicho en la Ley que la crea, puso al frente a un militar retirado, que en 6 meses se diga que tiene ya noventa mil elementos, según declaraciones del senador Monreal, de Morena, y tampoco se puede ignorar que su primera chamba haya sido cuidar el ingreso de migrantes por la frontera sur y no cumplir para lo que fue creada.

No se puede ignorar que esos noventa mil policías que vendrían a salvarnos, no fueron creados de la noche a la mañana. Estaban en la policía federal y en las fuerzas armadas. Unos y otros, quién sabe bajo que términos, renunciaron para formar parte de este invento que, los hechos lo denuncian, no esta funcionando.

Cuesta trabajo ignorar que la estrategia de seguridad, la que sea, no está funcionando y costaría más no decirlo.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 3 de noviembre de 2019 No.1269