El día 9 de noviembre de 2019 se han cumplido tres décadas de la caída del muro de Berlín. Era el año de 1989, y en los meses anteriores miles de ciudadanos se manifestaron contra el régimen comunista, reclamando libertad y democracia. Finalmente el gobierno de la llamada República Democrática Alemana abrió sus fronteras y, ese mismo día, las multitudes huyeron a la República Federal Alemana.

El fin de una era

En los días y semanas posteriores los propios ciudadanos, tanto del lado capitalista como del que había sido comunista, comenzaron a derribar físicamente el muro de Berlín con martillos, picos, mazos, etc. Y ese fue el gran signo universal de que la era comunista soviética había llegado a su fin.

No se pude olvidar el papel que jugó Juan Pablo II para que ello sucediera. Hasta el último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no tuvo reparo en reconocer públicamente que la intervención del Papa fue decisiva en el derrumbe del comunismo europeo.

Juan Pablo II apoyó siempre al sindicato polaco independiente Solidarnosc, fundado en 1980 y que de manera totalmente pacífica luchaba por sacudirse el yugo comunista. Pero Juan Pablo II veía más bien en esta caída estrepitosa del marxismo «el dedo de Dios», según lo expresó en 1993.

El absoluto fracaso del comunismo

En el libro-entrevista Cruzando el umbral de la esperanza, del periodista converso Vittorio Messori a Juan Pablo II, el Papa polaco explicó:

«El comunismo, como sistema, en cierto sentido, se ha caído solo. Se ha caído como consecuencia de sus propios errores y abusos… No ha llevado a cabo una verdadera reforma social… Se ha caído solo, por su propia debilidad interna».

Es decir, la «justicia social», la «igualdad», la «democracia», el «bienestar» y demás lemas de la izquierda política resultaron, en los hechos, una mentira. Así era en la propia URSS, pero también en los demás países comunistas, ubicados tras la «cortina de hierro»: Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Yugoslavia y, desde luego, en la Alemania «Democrática».

¿Buenos contra malos?

Ahora bien, a pesar de que en el período de la llamada Guerra Fría la confrontación entre el imperio capitalista estadounidense y el imperio comunista soviético era visto también como el enfrentamiento entre el bien y el mal, ambos bandos demostraron que sólo jugaban para sus propios intereses, no por la paz universal ni el verdadero bienestar de toda la humanidad.

La Unión Soviética, por ejemplo, buscó llevar la revolución socialista a todo el mundo, logrando implantarla incluso en países de Iberoamérica: en Cuba, en el Chile de Salvador Allende y en la Nicaragua sandinista. También llegaría en África a Libia, Angola, Argelia, Benín y hasta a Egipto.

Por su parte, Estados Unidos logró hacerse del control de la economía mundial mediante el plan, exitosamente lanzado en 1980, de la globalización, impuesto sobre todas las naciones no alineadas con la URSS. Y, cuando el poder soviético llegó oficialmente a su fin, también los países europeos que fueron parte del comunismo entraron en la dictadura del globalismo económico pero también político, que hasta la fecha impera y de la que EUA se ha ido distanciado.

No es cosa del pasado

Aunque capitalismo salvaje y socialismo son sistemas que han traído muchos males a la humanidad, no es posible negar que el segundo ha ocasionado más asesinatos y atentados contra la libertad que cualquier otra ideología que haya existido jamás sobre el planeta Tierra; por ello se entiende la alegría mundial que ocasionó en 1989 la caída de la dictadura comunista.

¿Qué fue el muro de Berlín?

  • En 1945, antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, los mandatarios de la URSS, EUA y Gran Bretaña se reunieron en la «Conferencia de Yalta» para repartirse el control político de Europa y Europa Oriental, principalmente.
  • Alemania quedó partida en dos porciones, la del este para ser dominada por la URSS (República Democrática Alemana), y la del oeste por Estados Unidos (República Federal Alemana).
  • Berlín, la capital, quedó en la Alemania soviética. Pero la ciudad también se repartió en dos, y la gente que vivía en la parte dominada por los soviéticos, se escapaba a la zona capitalista de la ciudad, donde desde 1949 un puente aéreo estadounidense los podía llevar a salvo a cualquier lado de la Alemania Occidental.
  • A fin de evitar más fugas, los soviéticos bloquearon su lado de la ciudad para, finalmente en 1961, lograr rodear por completo todo el Berlín capitalista con un muro.
  • El muro, de hormigón y alambre de púas (luego se agregó una valla metálica y alarmas) midió 155 kilómetros; tenía entre 3 y 5 metros de alto, 302 torres de vigilancia y 200 mil soldados encargados de disparar a quien intentara escapar del lado comunista.

TEMA DE LA SEMANA: EL MURO DE LA VERGÜENZA Y DE LA SOLEDAD

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de noviembre de 2019 No.1270