¿Por qué el cristianismo no aplaude el comunismo siendo que éste «defiende» a los pobres? ¿Acaso el neoliberalismo es mejor que el comunismo? A estas dudas han contestado Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero preguntó en 1991, en su encíclica Centesimus annus: «¿Se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo…? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo…?». Y respondió: «Si por ‘capitalismo’ se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa».

Esa forma de capitalismo equivocado, sin moral, es lo que también se denomina capitalismo salvaje o neoliberalismo. El Papa polaco recordó que lo que sí es acertado del capitalismo es «que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía».

Por su parte, Benedicto XVI denunció que «la ideología marxista… instrumentaliza para fines políticos las energías religiosas del hombre, encaminándolas a una esperanza meramente terrena, que es el reverso de la tensión cristiana hacia la vida eterna».

Hay otros errores del pensamiento socialista, que ha señalado la Iglesia, como es la promoción del odio y la división (la «lucha de clases»); el ateísmo y, otras veces, la manipulación de Jesucristo, la Virgen María y la fe cristiana en general para ganar adeptos; y, desde luego, la justificación histórica que el marxismo hace de los asesinatos para alcanzar el supuesto «fin de la opresión».

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: EL MURO DE LA VERGÜENZA Y DE LA SOLEDAD

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de noviembre de 2019 No.1270