Por Jorge Raúl Franco González

En nuestro mundo y sociedad actual nos enfrentamos a un gran dilema, ¿Cuál es el sentido del sacrificio, del dolor, del sufrimiento?

Si le preguntáramos a las demás personas, amigos, parientes, compañeros de trabajo: “¿A qué has venido a este mundo?” la gran mayoría nos contestaría: “A ser felices…” Sin embargo, curiosamente la definición de felicidad tiende a ser muy diferente en cada uno de nosotros…

Pero hay algo en lo que la mayoría coincidiría: El dolor y el sufrimiento no entran dentro de nuestra definición de felicidad, o por lo menos no entran en nuestros planes… ¿Por qué? Porque el objetivo y los valores que se manejan en general hoy por hoy en nuestra sociedad son: “Disfruta la vida, dale a tu cuerpo lo que pida, obedece a tus instintos, solo se tiene una vida, hay que disfrutarla…” Etc. etc. etc. Y todo esto nos lo creemos porque suena mucho mejor, que pensar que dentro de mi vida también me voy a enfrentar al dolor y al sufrimiento, como si al no pensarlo evitara el que me fuera a pasar…

Cuando vemos dolor y sufrimiento a nuestro alrededor y en especial cuando tenemos que enfrentarlo, algunos pensamos que “es un castigo de Dios” o que Dios no nos quiere por permitirnos sufrir, o inclusive algunos podemos llegar a pensar que Dios no existe sino no lo permitiría… Todos estos pensamientos que en ciertos momentos parecieran tener la razón provienen de un profundo desconocimiento u olvido de cuál es el verdadero sentido de nuestra vida.

Cuando Dios nos creó su plan era que realmente viviéramos felices y plenos, en el paraíso, siempre a su lado, y dentro de este plan nunca quiso que sufriéramos… Sin embargo, al crearnos Él nos otorgó la plena libertad y esto conlleva el poder elegir entre el bien y el mal, vivir a plenitud al lado de Dios o alejarnos de Él.

De pronto nos cuesta mucho trabajo entender que el pecado nos aleja de Dios y por consiguiente de todas sus gracias: El bien, el amor, y la felicidad plena; al irnos alejando de Dios nos enfrentamos a la ausencia de esas gracias por lo que se va dando entonces todo lo contrario: El odio, la ira, la envidia, etc. y entonces viene el dolor y el sufrimiento que se dan al salirnos del Paraíso para el cual fuimos creados. Nosotros renunciamos al paraíso por soberbia y nos hemos alejado de Dios porque pensamos que no lo necesitamos.

Sin embargo Dios en su infinito amor, nos da la oportunidad de elegir cómo actuar aún dentro de ese dolor y sufrimiento en donde podemos transformarlos en odio y rencor hacia nuestro prójimo y hasta a nuestro mismo creador, o podemos aprovechar todo esto que suena tan mal, para convertirlo en algo positivo, pues ese mismo dolor y sufrimiento, si le descubrimos un sentido positivo, nos puede llevar a la humildad  y a la cercanía con Dios y con nuestros hermanos.

LA HUMILDAD, EL PRIMER PASO

El primer paso para acercarnos con Dios es la humildad… Y ¿qué es la humildad?

Humildad es reconocerse a uno mismo con todos nuestros defectos errores y malas actitudes, así como con todas nuestras virtudes, aciertos y buenas obras que nacen del corazón. Cuando así logramos descubrirnos, al vernos frente a nuestro padre que es Dios, el ser más grande y omnipotente de toda la creación nos sentimos pequeñísimos… pero al mismo tiempo nos sentimos grandiosos porque ese ser tan imponente y maravilloso es nuestro padre, y nos ama de una manera tan plena y total que nos envió a su único hijo a mostrarnos el camino para volver a Él.

Es curioso pensar que Dios en su inconmensurable poder y misericordia pudo haber decidido simplemente perdonarnos nuestro pecado original sin la necesidad de enviarnos a Jesús… Por supuesto que sí lo podía hacer.

Y podría habernos enviado a Jesús para que nos hablara de Él si necesidad de que fuera asesinado.

¿Por qué entonces decidió enviarlo a sufrir y padecer tanto? ¿Acaso Dios no ama a Jesús?

JESÚS, EL ENVIADO

La respuesta está en que Dios nos ama tanto que decidió adaptarse a nuestra condición humana. Si nos hubiese perdonado simplemente o, aunque hubiese enviado a Jesús a hablarnos de Él y a hacer milagros sin que sufriera lo que sufrió por nosotros, no valoraríamos a plenitud el significado de todo esto, lo veríamos muy sencillo y que puede ser repetible, y entonces esperaríamos que Dios nos tuviese que estar perdonando a cada rato y no lo tomaríamos muy en serio pues si nos perdona tan fácilmente entonces no es tan importante.

Por eso quiso Dios demostrarnos su amor, enviando a Jesús, a enfrentar los miedos más grandes a los que nos enfrentamos los seres humanos y a entregarse a plenitud por Amor, pero hace un milagro muy especial, pues si Jesús se enfrentara a todo lo que se enfrentó siendo Dios, no tendría valor alguno, por lo que a su hijo amadísimo, siendo Dios, le otorga la condición humana para que se enfrente a ella con la misma condición de cada uno de nosotros.

LOS MIEDOS

Y ¿cuáles son esos miedos universales a los que Jesús se enfrentó por cada uno de nosotros?

+ A no tener dinero para vivir tranquilamente: Jesús vino a este mundo, no en el más grande palacio rodeado de todos los lujos de acuerdo a su condición de hijo de Dios, nació en un lugar y condiciones sumamente humildes, en un pesebre, es decir un depósito de comida para animales, en una cueva o establo, y ni siquiera tuvo una cunita sencilla donde pasar sus primeros días.

+ A no vivir con tranquilidad y comodidad: Desde que nació fue perseguido para asesinarlo por lo que José y María tuvieron que viajar en condiciones deplorables hasta Egipto; imaginemos lo difícil que fue para ellos atravesando regiones inhóspitas con un recién nacido.

+ A la burla y humillación: Jesús fue abofeteado, escupido, se burlaron de Él los Fariseos, Escribas, y hasta los soldados romanos. En especial Él sabiendo que no era solo hombre sino también Dios y que tuviese que pasar por todas esas humillaciones.

+ A la traición: No solo Judas lo traicionó, los demás apóstoles lo abandonaron y hasta su amigo de más confianza, a quien le encargó su iglesia, Pedro lo negó tres veces, y Jesús lo sabía desde antes de que sucediera. Inclusive muchos de ellos que lo proclamaban Rey el domingo de Ramos, gritaron después que lo crucificaran.

+ A que no crean en nosotros: Sobre todo en Nazareth y algunas poblaciones cercanas Jesús no hizo muchos milagros pues la gente “lo conocía” y no podían creer que Él fuese el Mesías. Y a pesar de todos los milagros que hizo, hubo mucha gente que ni así le creyó.

+ Al dolor y sufrimiento físico, mental y espiritual: Jesús no solo sufrió una inhumana tortura física y psicológica por parte de los soldados romanos, también enfrentó un dolor psicológico y espiritual al querer que Dios lo “librara de ese cáliz” y sin embargo aceptar todo a lo que se estaba enfrentando por amor al Padre y a nosotros, a pesar de que muchos no hemos podido valorar todo lo que hizo por nosotros; y en el momento crucial de pronto sentirse abandonado hasta por el Padre. Sin embargo, se mantuvo firme y con entrega plena hasta el final.

+ La muerte: Desde antes que la tuviese que enfrentar, Jesús sabía que iba a morir por nosotros, supo desde antes el tipo de muerte dolor y sufrimiento que le esperaba, tan es así que sudó sangre y agua en el huerto de los Olivos.

UNA TRANSFORMACIÓN

Y sin embargo Jesús transformó todo ese miedo, dolor y sufrimiento en algo profundamente positivo y trascendente, un ofrecimiento voluntario y pleno por cada uno de nosotros, por Amor.

Ese es el camino que Jesús vino a enseñarnos, a transformar todas nuestras preocupaciones, penas, dolores y sufrimientos en una entrega hacia Dios y nuestros hermanos que nos ayuden y encaucen en el camino hacia nuestro destino final, ¡la vida eterna junto a nuestro padre!

NO TENER MIEDO

¡¡¡Ánimo!!!, al igual que con Jesús en la cruz, aunque pudiese parecer que no es así, Dios siempre está a nuestro lado, y nos está esperando con los brazos abiertos, saliendo siempre a nuestro encuentro, como el padre con el hijo pródigo.

No tengamos miedo al dolor y al sufrimiento, siguiendo el ejemplo de Jesús, aprovechémoslo para llenarnos de humildad y ofrezcámoslo a Dios por nuestros hermanos. Esto nos hará crecer en la fe y en el amor a Dios en el camino hacia nuestra salvación.

Cuando descubrimos el sentido de lo que nos parece sin sentido, estamos dando un paso hacia la trascendencia.

¡¡¡Que la paz y el amor de Dios esté siempre contigo!!!