Por Rebecca B.

En primer lugar, explicaré que mi testimonio ha tardado mucho en llegar. Han pasado años y Dios ha hecho grandes cosas en mi corazón y ha logrado mi curación. Uso mi nombre real, pero no el de todos los demás involucrados, por razones de privacidad. Me llamo Rebecca.

Tengo varios hermanos, pero nuestros padres se separaron cuando éramos niños pequeños y vivíamos con nuestra madre. Cuando mi hermana gemela y yo teníamos ocho años, nuestra madre fue diagnosticada de cáncer y murió a los dos años. Pero antes, conoció a un hombre en su iglesia y pensó que era una buena persona. No era así. Se casó con él y esta persona nos adoptó. Me disgusta pensar que tuve su apellido hasta los 24 años.

Los abusos sexuales comenzaron casi de inmediato. Recuerdo que me decía que debía disfrutar lo que me estaba haciendo. Al principio sólo me tocaba, luego fue mucho peor, aunque nunca hasta el punto de tener relaciones sexuales.

Finalmente, se lo dijimos a nuestra hermana mayor y ella fue a los líderes de la iglesia que lo trataron de manera rápida. Hasta el día de hoy, la mayoría de las personas de la iglesia no son conscientes de lo que nos hizo.

Entonces, nos pusieron bajo el amparo del pastor y su esposa. Nuestra madre estaba demasiado abrumada ante la posibilidad de morir de cáncer que no sabía qué hacer. Una vez que falleció, nuestra hermana mayor, 12 años mayor que nosotras, se convirtió en nuestra tutora legal y nos cuidó, pero su abuso físico y emocional hacia nosotras fue severo y duraría hasta los 28 años.

Nuestra hermana mayor conoció a un hombre que afirmaba ser un hombre cristiano. Este hombre era un delincuente convicto. Se casó con ella y cuando teníamos 13 años, tomó mi virginidad. Recuerdo haber dicho que no y llorar.

Su abuso sexual era un secreto, estaba aterrorizada, había jurado guardar silencio y estaba completamente aislada. No teníamos amigos y no se me permitía salir de casa. Tan sólo para comprar comida o ropa y poco más.

Cuando tenía 13 años, mi período se retrasó, así que tuve que hacerme una prueba de embarazo. Al final resultó que no estaba embarazada, pero una parte de mí deseaba que fuera así porque, entonces, descubrirían a mi abusador y me protegerían. Hasta el día de hoy, no ha pagado por sus crímenes.

Sin embargo, mi hermana gemela quedó embarazada de él a los 14 años. Recuerdo que me sorprendió, pero traté de pedir ayuda a los vecinos. Pero como nos educaron en el hogar hasta la escuela secundaria, estábamos muy, muy aisladas. Ella me contó cómo planeaba llevarla a abortar. Trató de huir, pero la pillaron.

La llevó a Planned Parenthood y mintió diciéndoles que tenía un novio que la había dejado embarazada. A nuestra hermana mayor nunca le contó el embarazo. Me sorprendió la facilidad con la que pudo salirse con la suya. Vivíamos en el estado de Washington, y él fue capaz de llevarla a abortar para destruir la evidencia, encubriendo su crimen. Y el abuso sexual de las dos continuó.

Me fui de esa casa cuando tenía 18 años, pero sufrí muchos años siendo una ‘esclava sexual moderna’. Debido a que me habían quitado mi virginidad a una edad temprana, tenía sentimientos de inutilidad absoluta y muchos problemas al no poder tener relaciones normales. No tenía conocimiento de cómo debía comportarme o ser tratada. Los hombres con los que salí no eran buenos para mí y llevé relaciones nada buenas para mí.

Quiero aclarar que si no hubiera elegido perdonar a estos hombres, no habría sido posible ningún tipo de curación.

Aborté a los 23 años. Me presionaron para hacerlo. Te hacen creer que es simple, pero fue absolutamente horrible. Nunca he olvidado que la sangre salpicaba toda la sábana que tenían sobre mí, y sabía exactamente qué era eso. Sentí mucha tristeza, ¿qué acabo de hacer? Recuerdo haber llorado y no sentir alivio. En cambio, fue exactamente lo contrario.

Poco después de eso, quedé embarazada del mismo padre y tuve a mi hijo, pero pasé por una severa depresión posparto. Cuando mi hijo tenía un mes de edad, un pensamiento apareció en mi cabeza: “Si Jesús volviera hoy, ¿iría al cielo?” Y ese pensamiento llamó mi atención. Dediqué mi vida a Dios, me arrepentí de mis pecados y hui de ese entorno.

Ahora tengo dos hijos de 10 y 12 años, llevo casada 12 años y soy feliz. Mis dos hijos son provida, pero mi hija de 10 años ha sido muy activa. Conocen la historia de su hermano abortado. Mi hija se enojó conmigo y todavía está muy triste. Pero Dios está usando esto para bien y la motivó a ser apasionadamente provida.

He omitido muchos detalles gráficos, pero quería compartir mi historia con la esperanza de que otros vean que el aborto no es la solución para embarazos por violación o para cualquier otra situación. Quiero que otras mujeres sepan que, si has sido abusada o has sufrido un aborto, la curación es posible y que, con Dios, nada es imposible.

Rebecca

Nota: Rebecca está casada, es madre de 2 hijos, madre postaborto y bloguera provida para Save The 1 (Salvar El 1).

Publicado en Salvar El 1 – Pro Vida, No Hay Excepciones

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