Por P. Fernando Pascual

Hay quienes hablan con una seguridad sorprendente sobre todo tipo de argumentos. Otros se muestran más inseguros, incluso resulta fácil sospechar que no dicen la verdad.

Se hable con seguridad o sin ella, lo importante es encontrar modos para distinguir a quienes hablan con datos (con saber) y quienes hablan sin datos (sin saber).

El problema radica en que muchas personas hablan sobre tantos temas sin tener un conocimiento adecuado de ellos, o incluso con “informaciones” erróneas o manipuladas.

Eso ocurre no solo en las famosas encuestas de la calle, donde micrófono en mano un periodista pregunta sobre economía, política, religión o ciencia al primero que se cruza en su camino.

También ocurre cuando un “experto” se siente interpelado sobre un argumento acerca del cual tiene informaciones incompletas, y experimenta la presión de decir algo para no perder su fama como especialista.

En un mundo donde tantos hablan de lo que escuchan en medios informativos, o leen en libros o en Internet, o simplemente debaten entre amigos, hace falta un sano espíritu crítico para reconocer cuándo faltan datos necesarios para formarse una opinión sobre este asunto concreto.

Porque sin datos adecuados lo que podamos pensar o decir será simplemente una reconstrucción más o menos bien elaborada que luego puede llevarnos a conclusiones equivocadas, si es que no nos empuja a consolidar prejuicios falsos.

Al revés, encontrar a personas bien informadas, serias, honestas y capaces de transmitir lo que saben, permite alejarse de tantos errores que giran por ahí, y acercarse un poco a datos duros que iluminan hechos importantes de la existencia humana y permiten alcanzar mejores juicios sobre los mismos.