Para entender la vida y la obra de san Juan de la Cruz hay que saber que este santo tenía muy claro que la verdadera meta de todo cristiano —por tanto, también su meta personal— es la de llegar a la unión con Dios.

Por tanto, cada vez que él ponía algo por escrito, su intención era la de ayudar a otros a alcanzar ese profundo encuentro con Dios y mantenerse en él.

Por ejemplo, en el subtítulo de la Subida escribe precisamente: «Trata de cómo podrá un alma disponerse para llegar, en breve, a la Divina Unión».

Entre sus escritos principales figuran:

  • Subida al Monte Carmelo (1º, 2º y 3º libros)
  • Noche Oscura (1º y 2º libros)
  • Cántico Espiritual (A y B)
  • Llama de Amor Viva (Canciones 1, 2, 3 y 4).

Ahora bien, conforme un alma cristiana avanza hacia la meta, Dios suele permitir que, a semejanza de Él en su Pasión, ésta viva una fase espiritual marcada por un sentido de sequedad, soledad y desolación, conocida como «la noche oscura del alma». Esto lo han experimentado numerosos santos, incluido san Juan de la Cruz, el cual enseña que en tal situación la única respuesta acertada es el completo abandono del alma en Dios, aceptando todo sufrimiento humano desde el amor y para el amor. Así finalmente retorna la paz, pues tal sequedad no era sino camino hacia Dios. Así lo escribió en su poema Noche Oscura:

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

TEMA DE LA SEMANA: ASÍ ERA FRAY JUAN DE LA CRUZ

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de diciembre de 2019 No.1275