Los verdaderos santos no son mediocres. Y precisamente san Juan de la Cruz escribió estas recomendaciones para las personas que de verdad quieran crecer en su vida espiritual:

«Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino a lo que da menos gusto; no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciable; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada».

Esto, sin embargo, no es algo que agrade a quienes prefieren la comodidad. Es por eso que, después de que san Juan de la Cruz conoció a santa Teresa de Jesús y ella lo invitara a sumarse a su proyecto para reformar el Carmelo conduciendo a monjes y monjas a una profunda vida de oración, contemplación y renuncias, las cosas se pusieron difíciles:

Los llamados carmelitas calzados —los de vida relajada— le hicieron la vida difícil a los carmelitas descalzos, al grado de que el provicincial de los carmelitas calzados de Castilla excomulgó —inválidamente— en dos ocasiones a las 55 monjas carmelitas descalzas de Ávila por elegir a santa Teresa como priora de su convento.

Y, en cuanto a san Juan de la Cruz, y a otro carmelita, el padre Germán de san Matías, la propia Santa contó lo que les pasó:

«Hanlos llevado presos, como á malhechores. […] El día que los prendieron dicen que los azotaron dos veces, y que les hacen todo el mal tratamiento que pueden […] Y dicen que [el padre Germán] iba echando sangre por la boca».

Los dos sacerdotes fueron encarcelados por separado. San Juan de la Cruz fue llevado en secreto a Toledo, donde quedó preso en unas condiciones inhumanas. Y con su típica ironía, santa Teresa de Jesús concluye «que más quisiera verlos en tierra de moros».

Además los abusos cometidos contra ambos frailes no fueron objeto de la menor censura.

Redacción

Así lo describieron

Santa Teresa de Jesús descubrió en fray Juan de la Cruz un alma muy pura, a la que Dios había comunicado grandes tesoros de luz e inteligencia. Ella habló así de él:

«Era tan bueno, que era yo quien tenía que aprender mucho más de él que cuanto podía yo enseñarle».

Y en una carta que escribío santa Teresa lo describió con estas palabras: «Aunque es chico, entiendo es grande a los ojos de Dios […]. No hay fraile que no diga bien de él, porque ha sido su vida de gran penitencia. Aunque ha poco tiempo, más parece le tiene el Señor de su mano, que aunque hemos tenido aquí algunas ocasiones en negocios (y yo que soy la mesma ocasión, que me he enojado con él a ratos), jamás le hemos visto una imperfección».

Por su parte, un biógrafo suyo, el carmelita descalzo padre Crisógono de Jesús, describió de este modo al santo contemplativo: «Vivía tan recogido en su celda estrecha y obscura con continuo silencio, que no salía ni se divertía fuera de ella más que a los actos y cosas de la comunidad[…]. Su virtud se ha hecho proverbial entre condiscípulos y superiores. Hasta Medina llega la fama de la vida austera que hace en Salamanca».

TEMA DE LA SEMANA: ASÍ ERA FRAY JUAN DE LA CRUZ

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de diciembre de 2019 No.1275