El Papa Francisco responde en la carta apostólica Admirabile signum la hermosura del signo del Belén

Por Ary Waldir Ramos Díaz / Aleteia en El Observador

A continuación, 15 puntos clave de la carta apostólica Admirabile signum sobre la hermosura del signo del pesebre.

1.- Pesebre en la Biblia y San Francisco de Asís

«Quince días antes de la Navidad, san Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: ‘Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar…. lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno’».

2.- El pesebre invita a ser humildes

El pesebre como representación «de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría». La contemplación de la escena de la Navidad nos invita a la humildad «de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre», escribe Francisco.

3.- Mendigos, pobres, muy cerca del Niño Jesús

Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo las de mendigos y de gente que no conoce otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres, a su alrededor, no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.

4.- Los Reyes Magos

El Papa también explica las tres figuras de los Reyes Magos, que se ponen en el belén cuando se acerca la fiesta de la Epifanía. «Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso, su divinidad; la mirra, su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura».

5.- La santidad cotidiana

«Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan…, todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina».

6.- El pesebre para ser testigos de lo esencial

«Los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la Encarnación. Los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor.

7.- Los ángeles y la estrella son nuestra señal

«Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor».

8.- José protege al Niño, custodio de la familia

«Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia».

9.- Trasmitir la fe y el amor gratuito

Descubrirnos niños a la expectativa de construir el Belén en casa. Sentir «el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia». El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe; «sentir que en esto está la felicidad».

10.- Engaño de propuestas efímeras de felicidad

«Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría».

11.- El Niño: En su fragilidad, el poder

El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición revela la grandeza de su amor.

12.- María nos muestra al niño Jesús

«Con aquel ‘sí’, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5)».

13.- Salir de la noche que envuelve nuestras vidas

«Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? o, ¿De dónde vengo? Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79)».

14.- Los Magos enseñan a ir más allá de lo aparente

Los Magos son hombres ricos, pero no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Comprenden que Dios guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes.

15.- El Pesebre y la ternura

«El belén manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida».

Publicado en la edición impresa de El Observador del 8 de diciembre de 2019 No.1274