Encabezado extraño porque… ¿acaso no se supone que todas las Navidades tienen que ver con el Niño Dios? Cierto: si la Navidad es auténtica, Él no sólo está presente en todas y cada una de las fiestas celebradas desde el Adviento hasta la Epifanía, sino que de hecho es el centro de todas.

Hace pocos años un grupo de seglares españoles lanzó una campaña con letreros sin adorno alguno sino sólo con estas pocas palabras electrizantes, en tipografía de líneas puras y gruesas:

«Navidad es que Dios nace. Punto».

Así es. Eso y sólo eso es la Navidad. Los adornos son signo de alegría, la comida es sabrosa, la convivencia familiar es loable, los regalos son una buena expresión de interés por el otro, los deseos de felicidad son expresión de buenos sentimientos, etc. Pero esas cosas las puede vivir cualquiera en cualquier momento del año sin importar si es budista, agnóstico, musulmán, ateo o cristiano. Sólo Cristo encarnado y nacido del seno de la Virgen hace la Navidad.

El cantautor católico de origen peruano Luis Enrique Ascoy ha escrito una canción titulada No hay Navidad sin Jesús, en cuya letra denuncia que las plazas comerciales están repletas «de trineos, Papás Noeles, pinos y demás, mientras Jesús está en el estacionamiento, casi en la puerta de atrás». Y remata:

«Vendan lo que vendan, inventen lo que inventen, no hay Navidad sin Jesús. Compren lo que compren, inviertan lo que inviertan, no hay Navidad sin Jesús».

Para un cristiano practicante esto es más que obvio; pero ya no para el resto de la gente.

Un estudio realizado en Inglaterra por la asociación Christmas Starts With Christ («La Navidad empieza por Cristo»), descubrió que sólo uno de cada tres niños de entre 10 y 13 años de edad estaba enterado de que la Navidad marca el nacimiento de Cristo.

Otro estudio, realizado en este caso por la Alianza Evangélica de Gran Bretaña, arrojó que para el 51% de los adultos el nacimiento de Cristo es «irrelevante». Y, por supuesto, esta pérdida creciente del sentido de la Navidad se da por igual en todos los países.

A veces son los propios gobiernos los que despojan a la Navidad del Niño Dios y de todo trasfondo religioso a causa de una malentendida «inclusión». En Inglaterra, por ejemplo, las autoridades renombraron la Navidad como Winterfest («Inverfiesta» o «Fiesta de Invierno»), y en los decorados se evitan a toda costa los Nacimientos o Belenes. Y mientras que en Alemania el gobierno sí da, en su momento, a los musulmanes el saludo de «Feliz Ramadán», en la Navidad del año pasado se limitó a decir: «No importa en qué creas, te deseamos un momento de reflexión y un buen comienzo de Año Nuevo»; es decir, no hubo felicitación para los cristianos para no ofender a nadie.

Hubo, sin embargo, algunas buenas notas en la Navidad de 2018, como la de que el Ministerio de Educación de Italia promovió la exhibición de Nacimientos en todas las aulas como «símbolo de nuestra historia, nuestra cultura y nuestras tradiciones»; y que en Estados Unidos el actual presidente se negó a emplear el laicista saludo de «Felices fiestas»; dijo:

«¡Feliz Navidad a todos!… Vamos a empezar a decir Feliz Navidad de nuevo».

La musulmana Remona Aly es una periodista británica que escribió en un artículo en el diario The Guardian contra «la paranoia de evitar las sensibilidades religiosas de los demás».

Ella dice: «Soy musulmana y les pido, cristianos, que no dejen de celebrar la Navidad».

Y explica: «Si alguien pronuncia la palabra ‘árbol de Navidad’, no ataca a mi fe; si escucho el Padrenuestro, no tengo sudores fríos… Cuando algunos amigos cristianos, judíos, sikh y agnósticos me felicitan por la Fiesta del Sacrificio, no significa que estén confundidos; sencillamente reconocen el valor que esa fiesta tiene para mí… Cuando comparto algunos rituales del Shabbat con mis amigos judíos, o cuando felicito el Diwali a mis amigos hindúes, no pierdo en absoluto el sentido de quién soy yo; al contrario, fortifica aquello en lo que creo».

Remona Aly denuncia que los intentos de «disolver» la propia identidad cultural en los países occidentales so pretexto de respetar las creencias religiosas de las minorías, en lugar de crear un clima de distensión y convivencia pacífica, sólo sirve para exacerbar los ánimos.

Así que, sin más pretextos, ¡bienvenida la Navidad, bienvenido sea el Niño Dios en su propia fiesta de cumpleaños!

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: LA NOCHE MÁS BELLA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de diciembre de 2019 No.1276