Por José Francisco González González, obispo de Campeche

El adviento es un tiempo de preparar la venida de Jesús. El Señor viene a nosotros, nacido de una Mujer para ofrecerse como sacrificio y ofrenda por nuestras faltas y pecados.

La preparación incluye una fuerte dosis de vigilancia. Evoquemos la parábola de las diez vírgenes del Evangelio. Ellas están esperando la llegada del Novio. Cinco eran previsoras. Se proveyeron de aceite suficiente para cualquier eventualidad. Las otras, no. Así que, cuando se avizoró la llegada del Novio, las imprudentes solicitaron aceite a las previsoras. Estas se negaron.

De prisa y por la urgencia, las no previsoras salieron a comprar aceite para sus lámparas. En eso llegó la visita esperada. Entraron en la habitación, y ya no se abrió la puerta.

Hay que estar atentos, porque Dios se hace presente en cualquier momento.

TIEMPO DE PREPARARSE

El adviento no consiste sólo en preparar cosas. Digamos, por ejemplo, el nacimiento, el árbol de navidad, las novenas, los adornos, las esferas, las piñatas, la cena, etc.

Adviento es, sobre todo, un tiempo de prepararse personal y espiritualmente para la llegada del Rey de los Cielos. Hay que barrer la conciencia de la mancha del pecado, hay que restablecer la comunicación con quienes la interrumpimos, con aquéllos con quienes tuvimos ciertas diferencias; hay que volver a confiar en aquellos que nos hicieron dudar de su lealtad, hay que hacer penitencia por la conversión del propio orgullo. Esa es la manera adecuada para preparar la Navidad.

TIEMPO DE ALEGRÍA

Lo que impide la verdadera alegría es el pecado. El tiempo de adviento es un especial momento para hacer renuncia al pecado, que nos inyecta su dosis de tristeza y de muerte, para vivir en la libertad de los hijos de Dios. No hemos sido bautizados para habitar en las tinieblas del pecado, sino para ser luces que iluminan el mundo con la alegría de la paz.

¡Preparemos la llegada de Jesús! ¡Sigamos el ejemplo de María! ¡Adoptemos las actitudes de los profetas!

¡Feliz adviento!