Por Mario De Gasperín Gasperón, obispo emérito de Querétaro

Tres son los grandes discursos que el Papa Francisco ha pronunciado para alentar a los «Movimientos Populares». El hecho ha llamado la atención y generado inquietudes, como todo documento que toca la dimensión social del Evangelio.

Dos discursos fueron en el Vaticano y uno en Bolivia. Con el objeto de informar, añado aquí las fechas: 28 de octubre de 2014, 9 de julio de 2015 y 5 de noviembre de 2016, sumando en total 13,168 palabras, datos para invitar a estudiosos y políticos a acercarse a ellos.

La importancia que le señalo es sólo reflejo de la que le da el Santo Padre, como lo demuestra el libro recién editado (2019) en la Libreria Editrice Vaticana por Guzmán Carriquiry, miembro de la Pontificia Comisión para América Latina, y prologado por el mismo Papa Francisco.

Sus autores son politólogos, filósofos y pastoralistas de reconocida autoridad sobre el tema. Entre ellos figura el doctor Rodrigo Guerra, conocido y apreciado entre nosotros. Por estos motivos lo presento aquí a los estudiosos de la política y a los pastores de la Iglesia.

Su contenido servirá de guía para comprender el cambio de época -expresión conocida pero poco entendida-, y lograr deshacernos del lenguaje demagógico, etéreo e inútil, sencillamente porque la realidad es superior a la idea. Francisco sabe hablar en concreto. El libro se intitula: La irrupción de los Movimientos Populares: Rerum Novarum de nuestro tiempo. Aquí recojo tres párrafos del prólogo del Papa Francisco:

«El futuro de la humanidad no está únicamente en mano de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio» (Pg 6).

«El derecho a la tierra, techo y trabajo son derechos inalienables y fundamentales, representan los prerrequisitos indispensables de una democracia no formal, sino real, en la cual todos los hombres… son protagonistas activos responsables, actores de su propio destino» (6).

«En el presente estado de parálisis y desorientación, la participación política de los Movimientos Populares puede vencer la política de los falsos profetas, que explotan el miedo y la desesperación, y que predican un bienestar egoísta y una seguridad ilusoria». Todo esto «está en plena sintonía con la Doctrina Social de la Iglesia» (7).

En la actualidad, el miedo y la ignorancia son los instrumentos privilegiados de los agitadores sociales que paralizan e inhiben no sólo la acción ciudadana sino el pensamiento. Nos tienen secuestrados. Estamos esperando «a ver qué pasa». Eso es derrotismo puro y va contra la esperanza cristiana. Reina un gran desconocimiento de la Doctrina social de la Iglesia en diversos renglones, como son: los derechos humanos, la objeción de conciencia, la libertad religiosa, la utilización del lenguaje religioso como instrumento manipulador de las conciencias.

La Biblia es un libro múltiple y uno, religioso más que piadoso, espejo de la humanidad en lucha, pero siempre conciliador.

Citarlo sin un discernimiento riguroso propicia graves abusos en lo más profundo del hombre, su religiosidad. En los movimientos sociales y políticos es frecuente utilizar textos bíblicos fuera de contexto para defender el poder o para mantenerse en él. Y explican que «el pueblo se lo pide».

Esta praxis es anticristiana: Juan Bautista dejó paso a Jesús; Jesucristo rechazó ser proclamado rey por el pueblo recién saciado; el Papa Benedicto XVI renunció al sumo pontificado y dejó paso al Papa Francisco, regalo de la Divina Providencia. El poder viene de Dios, pero aferrarse a él es de su Enemigo, que es el nuestro también.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 24 de noviembre de 2019 No.1272