Por Tomás de Híjar Ornelas Pbro.

“¿Por qué eternizarse en el poder? “Elena Poniatowska

Aunque sea prematuro vaticinar que la intempestiva renuncia de Juan Evo Morales Ayma como Presidente de Bolivia, el 10 de noviembre del 2019, y su arribo a la ciudad de México dos días después, en calidad de asilado político, sea el ocaso de la carrera que le llevó a la cúspide en su patria el 22 de enero del 2006 y en la que se mantuvo los siguientes 14 años, no lo es plantear estos hechos al modo como lo hizo la escritora citada en el epígrafe de esta columna.

Y es que más allá de los aciertos y errores del también sindicalista de ascendencia aymara, primer indio en hacerse cargo de la suprema magistratura de su patria, la Bolivia que ahora se convulsiona es un buen ejemplo de lo que provoca un líder cuando se conduce como si él fuera el origen y fuente de la autoridad y no servidor de ella.

Uno de los signos que asombraron al mundo al calor de la imperiosa salida impuesta a Evo por las fuerzas armadas de su gobierno ha sido el empleo de signos corporativos católicos –crucifijos y rosarios– por parte de las fuerzas de seguridad y de frases acuñadas al calor de estos hechos: «Bolivia para Cristo»,

«Nunca más volverá la Pachamama al Palacio», del acaudalado empresario Luis Fernando Camacho Vaca, uno de los dirigentes cívicos bolivianos más cercanos a estos hechos.

Evo Morales, hijo de la Iglesia por el Bautismo, sin haber apostatado de ella y hasta describirse como «católico de base», ha mantenido una postura abiertamente anticlerical en su muy largo mandato: abolió de la nueva Constitución (2009) el carácter confesional que hasta entonces le reconocía la fe católica como religión de Estado; tomó distancia con los obispos de ese país; en el Foro Social Mundial calificó a la Iglesia católica de Bolivia como la «principal enemiga» de las reformas de su gobierno y hasta propuso «reemplazarla»; acusó a su jerarquía de ser «instrumento del imperio», y otras lindezas de ese jaez.

En cambio, y a juicio de sus detractores, separándose de la laicidad del Estado que él mismo propulsó, ha promovido abiertamente el pachamismo, concepto mítico y animista, que inspirándose en la deidad andina Pachamama o Madre Tierra es, desde la agenda política de la izquierda sudamericana, «un programa pedagógico, una estética y un marco legal que define perspectivas no occidentales para una reflexión sobre la intersección entre la naturaleza y la cultura».

Más allá de estos datos, el carácter cívico – cristiano– militar puesto de relieve inmediatamente después de la renuncia de Morales, fue la de colocar en el vestíbulo del Palacio de Gobierno de La Paz al tiempo de producirse el vacío de autoridad que vino tras la renuncia en torrente de quienes de forma legítima debían reemplazar al Presidente Morales, la Biblia en la primera de las fechas aquí citadas sobre la bandera boliviana. Ello abre, a decir del filósofo y politólogo mexicano de origen argentino Enrique Dussel, otro frente a la nueva política norteamericana de sometimiento a Iberoamérica al tiempo que se desentiende de la seguridad en el Medio Oriente y retoma algo a lo que siempre ha aspirado: a tener a su alcance y disposición la suerte y los recursos de América Latina, con renovado interés capitalista.

Si ello es así, concluye Dussel, a nadie extrañe el auge que tendrá cada vez más la «teología de la prosperidad» del cristianismo evangélico, pues a despecho de la consigna de Cristo «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo», ella considera la riqueza material como un signo de gozar del favor divino.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 24 de noviembre de 2019 No.1272