La Virgen de san Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco, es la segunda advocación de la Madre de Dios que más peregrinos atrae de todo México. Esta práctica sólo es superada por las peregrinaciones a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en Ciudad de México, que de hecho es el lugar número uno de peregrinaciones marianas a nivel mundial .

De todas partes del país

Muchos feligreses recorren más de 500 kilómetros en dos semanas para llegar hasta la basílica-santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos. Algunos en autobús, otros a pie y, muchos más en las muy famosas peregrinaciones ciclistas, viajan desde Aguascalientes, León, San Luis Potosí, Salamanca, Irapuato, Guadalajara, Pachuca, Tlaxcala, Ciudad de México, Cuernavaca, Querétaro, etc.

La Virgen de San Juan de los Lagos tiene literalmente devotos en todas partes del país, pero también en Estados Unidos.

Los que la visitan

Si bien son tres las fechas principales en que se honra en esta imagien suya a la Santísima Virgen María —2 de febrero, 15 de agosto y 8 de diciembre—, además de todo el mes de mayo, es el día de la Candelaria en que Nuestra Señora de San Juan de los Lagos recibe más visitas.

Cada 2 de febrero acuden más de 2 millones de peregrinos a su encuentro. Y el resto de los meses la visitan otros 5 millones de fieles para un total de al menos 7 millones de peregrinos al año.

Pero, ¿por qué peregrinar hasta allá? ¿Cuál es su sentido cristiano?

Peregrinar es…

La peregrinación es una experiencia religiosa universal, por las cual se viaja —generalmente a pie— a un santuario o lugar que se tiene por sagrado.

El término peregrinación proviene del latín peregrinatio, que significa «viaje al extranjero» o «estancia en el extranjero». Siguiendo sus orígenes etimológicos, el peregrino es como un expatriado o exiliado, ya que se encuentra fuera de su ciudad o incluso de su país, privado de la asistencia de su comunidad, por lo que el peregrino se confía a Dios, que le hará llegar de alguna manera el socorro que vaya requiriendo.
Peregrinaciones bíblicas

En la Biblia destacan, por su simbolismo religioso, las peregrinaciones de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, a Siquem (cfr. Gn 12,6-7; 33,18-20), a Betel (cfr. Gn 28,10-22; 35,1-15) y a Mambré (Gn 13,18; 18,1-15), donde Dios se les manifestó y se comprometió a darles la «tierra prometida».

En el caso de los hebreos que salieron de Egipto, el monte Sinaí se convirtió en un lugar sagrado, y todo su camino por el desierto tuvo para ellos el sentido de una peregrinación consistente en un largo viaje hacia la tierra de la promesa.

Cuando se edificó el templo de Jerusalén, éste se convirtió en meta de peregrinaciones, según lo atestiguan diversos Salmos, que ven en la subida a Jerusalén un viaje santo, y el templo como la gran meta. Por ejemplo los salmos 42, 84, y 121. Este último dice:

¡Oh, qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa de Yahveh»! ¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies en tus puertas, Jerusalén!

Tres veces al año, los varones israelitas debían «presentarse ante el Señor» (ver Éxodo 23,17), es decir, dirigirse al templo de Jerusalén: lo que daba lugar a tres peregrinaciones con ocasión de las fiestas de los Ácimos (la Pascua), de las Semanas (Pentecostés) y de los Tabernáculos; y toda familia judía piadosa , como la Sagrada Familia (ver Lc 2,41), peregrinaba a Jerusalén para la celebración anual de la Pascua.

Peregrinación cristiana

Para los cristianos ya no existe ninguna peregrinación obligatoria puesto que en realidad toda la vida cristiana es ya de por sí un camino o peregrinación hacia el santuario del Cielo, y es por ello que la Iglesia dice de sí misma que es «peregrina en este mundo».

Sin embargo, al mismo tiempo, la Iglesia ve en las peregrinaciones una forma de piedad muy recomendable, y por ello las ha alentado a lo largo de la historia.

Así, por ejemplo, los primeros cristianos peregrinaban a las tumbas de los mártires de Jesucristo para venerar sus restos mortales.

En los siguientes siglos se extendieron las peregrinaciones a Tierra Santa, y, contrario a lo que las leyendas negras afirman, las Cruzadas no surgieron para imponer la fe cristiana a los musulmanes invasores de dichas tierras, sino para proteger la vida de los peregrinos cristianos que viajaban a Jerusalén.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: PEREGRINAR, ¿PARA QUÉ?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de enero de 2020 No.1280