Por Jaime Septién

San Juan de la Cruz solía decir: «Se alcanza tanto cuanto se espera». Si espero mucho, alcanzo mucho; si espero poco, quizá no alcance nada. Desde luego, se trata de un esperar ardiente, activo, que no se queda en el sofá. En cambio, el poco esperar es un esperar famélico: «a ver qué pasa». La vida del país, del mundo, nos pide, este 2020, abandonar (los católicos) el sofá.

Justamente en el Mensaje del Papa Francisco para la celebración de la 53 Jornada Mundial de la Paz toma esta frase de San Juan de la Cruz para dejarnos dicho que «el camino de la reconciliación requiere paciencia y confianza» y que «la paz no se logra si no se la espera».

Nunca como ahora México necesita escudriñar, escuchar, seguir la palabra del Papa. La reconciliación es un sendero estrecho, largo, sinuoso. Tendernos la mano unos a otros, velar por el más débil, abrir los oídos, escuchar a los que no piensan como pensamos nosotros, tener confianza en que podemos alcanzar la deseada paz con justicia que el país reclama.

Si esperamos la paz la vamos a alcanzar. Y ese maravilloso objetivo es una deuda pendiente de esta generación. No podemos seguir hipotecando el futuro de nuestros hijos. La Creación nos ha sido dada para administrarla con juicio. Una conversión ecológica mira, directamente, a los ojos de los que vienen. Como dijo aquel jefe Seattle de la tribu de los Swamish: «la tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos».

TEMA DE LA SEMANA: EL PERDÓN, LA RECONCILIACIÓN Y LA PAZ

Publicado en la edición impresa de El Observador del 5 de enero de 2020 No.1278