Por Jaime Septién

Cuenta la leyenda que Anacarsis, un príncipe escita que viajó por Grecia en el siglo VII A.C., al visitar al sabio y legislador Solón en Atenas y enterarse que estaba preparando un código de leyes para la ciudad, le dijo:

–¿Es que no sabes, Solón, que las leyes son como las telas de araña, que atrapan a los bichos pequeños, pero dejan escapar a los grandes?

Anacarsis debería de darse una vuelta por el Congreso de la Unión mexicano. Encontraría material para alimentar la tesis que hace 2,600 años expresaba al ateniense. Los legisladores del Movimiento de Regeneración Nacional están haciendo leyes que cuelan al mosquito y se tragan al camello.

La reforma al sistema judicial que propone el grupo legislativo del presidente López Obrador (y el propio Presidente) es la muestra clarísima de que sus predicciones gozan de cabal salud.

La unificación del Código Penal podría despenalizar el aborto, anular el debido proceso, allanar la privacidad de las personas, desaparecer la presunción de inocencia, aceptar «pruebas» obtenidas de manera ilegal (por ejemplo a través de la tortura), modificar la Ley de Amparo, dejando en la indefensión al ciudadano frente a los abusos de la autoridad…

¿Y los criminales, los que nos han metido en nuestras casas con miedo a asomar las narices; los saqueadores de ductos y de conciencias; los envenenadores de nuestros jóvenes; los corruptos notorios vueltos, por arte de magia, austeros y republicanos funcionarios que viven en la honrada medianía? Para ellos, piedad, amnistía, abrazo fraterno.

Si este engendro pasa en febrero, el ciudadano estará más solo que nunca: a merced de sus «autoridades», fiscalizado, atemorizado y entregado a las fuerzas oscuras de la violencia. O nos oponemos o nos atrapan en la telaraña.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281