Lo que la verdadera ciencia demuestra

La ciencia ha demostrado que con la fecundación del óvulo por el espermatozoide empieza a existir un nuevo ser vivo. La biología molecular, la embriología médica y la genética lo han confirmado de manera inequívoca.

El clásico manual de Langman sobre embriología explica de manera sencilla el proceso de la fecundación: «Una vez que el espermatozoide ingresa en el gameto femenino, los pronúcleos masculino y femenino entran en contacto estrecho y replican su ADN. Esa unión genera una nueva célula llamada cigoto».

Pues bien, ese cigoto ya es un pequeño ser vivo perteneciente a la especie humana. No es simplemente una sola célula que contiene toda la información genética que le identificará por siempre, sino que es un cuerpo humano en desarrollo.

Lo que hace que un humano sea humano

Los involucrados en el multimillonario negocio del aborto le dicen a las mujeres embarazadas, para convencerlas de abortar, que lo que llevan en su seno no es un ser humano sino algo así como una masa de células. Así se lo dijo Antonio Lazcano, «especialista» en biología evolutiva de la UNAM, a la senadora Lilly Téllez cuando ésta anunció que presentaría una iniciativa legislativa contra el aborto, añadiendo que «un cigoto que está vivo,se puede desarrollar, pero no es una persona»; «ése es el punto que creo que la senadora no entiende, pero tampoco lo entienden muchas otras personas».

Esta idea les funcionó mucho tiempo a los abortistas, hasta que el uso del ultrasonido se extendió poniendo en evidencia que esa especie de «tumor» en el vientre materno en realidad tenía cuerpo, cabeza, piernas y brazos humanos. Es por ello que los cambios pro-vida en algunas legislaciones —por ejemplo en el estado de Kentucky, EUA—, determinando que las mujeres antes de abortar deben mirar a su hijo a través del ultrasonido, tiene a la industria de la muerte en estado de alarma, porque se descubre la falsedad de la supuesta masa informe de células.

Sin embargo, no es la figura corporal con dos piernas, dos brazos, un rostro, etcétera, lo que hace que la vida humana sea vida humana; la respuesta está en su información genética, si bien hace falta tiempo y energía para que dicha información se actualice plenamente.

¿Y qué dice Dios en su Revelación?

Sin duda la Biblia no es un manual de ciencias biológicas; pero en ella Dios revela verdades espirituales y teológicas que tienen implicaciones biológicas —Él es el único y verdadero Creador de lo biológico y de lo espiritual y, por tanto, la única verdadera autoridad—, de manera que se puede averiguar en la Palabra de Dios para averiguar lo suficiente en materia del inicio de la vida humana.

Dicen las Sagradas Escrituras que toda persona es concebida con pecado (el pecado original): «Soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre» (Sal 51, 7).

Por tanto, ese nuevo ser apenas concebido ya está necesitado de la salvación de Dios porque es realmente un ser humano. Si no fuera humano sino una «masa de células», no tendría pecado.

Además Dios ordena «No matarás» (Ex 20, 13; Dt 5, 17), y de manera especial indica que el inocente debe ser el más protegido: «No harás morir al inocente…, porque Yo no absolveré al culpable» (Ex 23, 7); «Maldito sea el que se deja sobornar para quitar la vida a un inocente» (Dt 27, 25). ¿Y quién puede ser más inocente que un bebé que aún no puede mantenerse con vida fuera del vientre de su madre?

Acrobacias «científicas»

Científicamente los conceptos fecundación y concepción se habían utilizado como sinónimos; pero a partir de la segunda mitad del siglo XX las ideologías políticas y económicas comenzaron a manipular tales términos con ayuda de algunos malabarismos a los que algunos científicos se prestaron.

Así, por ejemplo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha decidido considerar que fecundación es «la unión de gametos masculino y femenino, y concepción es la «implantación del óvulo fecundado en el endometrio de una mujer». De este modo, si una ley dice que la vida humana debe ser respetada desde su concepción, se puede alegar que mientras el embrión no se implante no hay vida humana, por lo que se le puede abortar.

Esta presunta diferencia entre concepción y fecundación es utilizada actualmente por la mayoría de los organismos internacionales, por los grupos abortistas, por los gobiernos, las universidades públicas, los negocios de reproducción humana asistida, etcétera, negándole al embrión humano no implantado la categoría de persona.

Por mencionar un ejemplo, el argentino Carlos Carrere, director médico de una clínica de medicina reproductiva, para disculpar lo que hace, alega: «Más allá de las discrepancias, entendemos que el criterio científico más claro es aquel que dice que la vida comienza con la implantación del embrión en el seno materno». De este modo, la muerte de los embriones congelados no tiene consecuencias morales.

Ahora bien, como la implantación ocurre aproximadamente entre seis y catorce días después de la fecundación, el tiempo para que con este pretexto una persona aborte resultaba demasiado corto. Así que se buscó otro argumento para alargar la negación de la presencia de vida humana, y éste fue la capacidad de percibir estímulos sensoriales, lo que evidentemente está relacionado con el desarrollo del sistema nervioso.

Según Antonio Lazcano, la actividad nerviosa y la diferenciación celular que crea el sistema nervioso central de un embrión humano no empiezan sino hasta la semana 12 de gestación; por tanto, «antes no se puede decir que se trate de una persona, …sino de una masa de células vivas que no son una persona, no tienen derechos sociales».

Este argumento se utilizó para legalizar el aborto libre en Ciudad de México. Pero alegan otros que como entre la semana 22 y la 27 de gestación (entre 5 y 6 meses de embarazo) se comienza a desarrollar la corteza cerebral del embrión, y que sólo hasta la semana 28 a la 30 (de 7 a 7.5 de embarazo) por fin hay respuestas sensoriales que se puedan registrar con electroencefalograma, entonces antes del séptimo mes el embrión no es una persona humana y por tanto no es un crimen asesinarlo. Probablemente esa declaración legislativa sea la próxima gran meta.

Redacción

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281