Ocurrió en 2015 en el Centro Médico Regional de Tomball, en Houston, Texas. El hijo de 27 años de edad de George Pickering, también de nombre George, había sufrido un derrame cerebral masivo, y se le estaba dando soporte vital. Pero el hospital dijo que el joven tenía «muerte cerebral», y sugirió a la familia que el paciente fuera desconectado de las máquinas que lo mantenían respirando.

Además estaba el hecho de que George hijo estaba inscrito como donador de órganos. De este modo, si se le extraían podría salvar la vida de hasta doce personas.

Su hermano y su madre —ex esposa de su papá— firmaron para que desconectaran al «muerto». Pero el papá estaba en absoluto desacuerdo y decidió tomar medidas extremas: fue a su casa y regresó con una pistola, encerrándose con su hijo en la habitación hospitalaria para impedir que lo desconectaran.

Se produjo un asedio de tres horas en el hospital, hasta que finalmente George Pickering padre se entregó a la policía. Sin embargo, en el transcurso de ese tiempo, el papá había tomado la mano de su hijo. «Me apretó la mano tres o cuatro veces cuando yo se lo pedía».

Esa misma noche, George Pickering hijo se despertó y saludó a los miembros de su familia. El joven se recuperó por completo y regresó a su casa, muy agradecido con su papá, que le salvó la vida. Pero George Pickering padre tuvo que purgar once meses en la cárcel.

CRITERIOS DE MUERTE

En el pasado, la muerte era reconocida exclusivamente por criterios cardiorrespiratorios, es decir, el muerto estaba muerto si de manera irreversible ya no respiraba y su corazón no volvía a latir. Pero, en el siglo XX se propusieron criterios neurológicos de muerte.

Así, en adelante la llamada «muerte cerebral» o, mejor dicho, «muerte encefálica», se convirtió en el nuevo parámetro para decidir si una persona ya murió. Según esta postura, es cadáver quien experimenta el fracaso completo e irreversible de las funciones del sistema nervioso central.

¿VIDA, PERO NO VIDA HUMANA?

Según el sacerdote colombiano y médico cirujano Euclides Eslava Gómez, la persona que tiene «muerte encefálica» tiene vida, pero no vida humana: «Según el estado actual de los conocimientos científicos —dice este presbítero—, cuando ocurre la muerte determinada por criterios neurológicos… se produce también una ruptura en la unidad sustancial del ser humano y se pierde la posibilidad de que el alma humana vivifique el cuerpo».

Sin embargo, casos como el de George Pickering demuestran lo contrario. Ciertamente muchas personas diagnosticadas con «muerte encefálica» jamas despiertan, pero el hecho de que otras sí lo hagan demuestra que el criterio médico actual está muy lejos de ser infalible.

La ciencia reconoce que hay varios factores, como el síndrome de Guillain-Barré, que pueden generar un falso diagnóstico de «muerte encefálica».

Pero esto significa que si a una persona en alguna de esas circunstancias se le extraen los órganos para donarlos, literalmente se le está asesinando.

CRECEN, SE REPRODUCEN…

La biología enseña que los seres vivos pasan por un ciclo que lleva este orden: nacen, crecen, se reproducen y mueren.

Pues bien, las personas en coma, en estado vegetativo o incluso en «muerte encefálica», continúan el ciclo normal de un ser vivo, es decir, siguen creciendo (incluso crecen sus uñas y cabello), sus heridas se curan, sus intestinos digieren, su corazón late, sudan y se sonrojan, etc. ; y si se trata de una embarazada, sigue gestando a su hijo hasta darlo a luz.

Incluso se puede inseminar a una mujer en estas condiciones. Como ejemplo se puede mencionar el reciente escándalo del hospital Hacienda HealthCare, en Arizona, EU, que lo obligó a cerrar a principios de 2019 tras que en 2018 un enfermero violara y embarazara a una paciente de 30 años de edad que desde que tenía 3 años está en estado de coma, dando ella a luz a su hijo por parto natural.

Es curioso, pues, que se acuñara una moderna definición de muerte que ya no necesita ser ubicada al final del ciclo de la vida.

Cosas como éstas hacen que, con razón, más de un científico, filósofo y antropólogo se pregunte si la presunta «muerte cerebral» no es más que una ficción clínica.

LEGISLACIONES

Para entender este debate es fundamental saber que un órgano humano, a fin de que pueda ser trasplantado a otro ser humano, tiene que ser extraído de un cuerpo todavía vivo; por tanto, de un supuesto cadáver pero con el corazón latiente.

Así, aunque la evidencia científica se muestra claramente insuficiente, la mayoría de las legislaciones han equiparado la «muerte encefálica» con la muerte natural del individuo, pues resulta un mecanismo «necesario» para facilitar en la sociedad la aceptación de la extracción de órganos, o que a un enfermo se le desconecte de un aparato cuyo uso prolongado cuesta demasiado dinero al sector salud.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: ¿CUÁNDO EMPIEZA Y CUÁNDO TERMINA LA VIDA?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281